viernes, 13 de enero de 2012

EL OLOR DE LA TIERRA

Por el Dr Andrés Candelario**


Parecería redundante decir que la novela de Faisel Iglesias "El Olor de la Tierra", puede incluirse en la clasificación literaria de "novela de la tierra" sin embargo creo necesario hurgar un poco en esa "tierra". Al decir "la tierra" usamos el termino en su más amplio significado geográfico y simbólico, como seguramente lo usó el autor al titular su obra de esa manera. Representa lo telúrico, las raíces que emanan de una determinada región, la fuerza avasalladora o fascinante de la naturaleza sobre los seres que la habitan, pero también las circunstancias históricas y socio-políticas que los arropan y los dominan.
Esta operación de pinzas entre el mundo natural y las circunstancias sociales, económicas y política empujan al drama, protagonizando por las vidas sencillas de los moradores de una región o de un país. No se escapa a esta novela - porque también en el fondo es una novela de denuncia - de la exposición de principios y creencias, manifestada a través de los conflictos, las luchas y los sufrimientos en que se ven envueltos sus personajes, típicos, por supuesto del realismo social, corriente literaria en que también se inscribe por derecho propio "El Olor de la Tierra". Dentro de la corriente de ese realismo social de larga data en la literatura latinoamericana, "El Olor de la Tierra" constituye, al menos hasta donde yo sé, el primer acercamiento crítico al sistema socialista desde las entrañas del campesino, por ser a mi juicio la primera obra narrativa que denuncia las falsas promesas y la traición de la Resolución Cubana a sus propios postulados de redención a la clase pobre campesina.
Cuando repasamos la narrativa cubana de denuncia a la dictadura castro-comunista sólo encontramos los escenarios urbanos donde los protagonista son martirizados y vejados en las cárceles, acosados por los Comité de Defensa de la Revolución, aplastadas sus libertades por la burocracia estatal o por la Seguridad del Estado, por la ausencia total de esperanza en una nación sin futuro que obliga a sus hijos e hijas a escapar en cualquier cosa que flote hacia la "libertad", a costa muchas veces de sus propias vidas. Autores como Guillermo Cabrera Infante ( recientemente fallecido en su exilio londinense), Reinaldo Arenas (desaparecido por su propia mano en el exilio newyorkino), seguramente los dos escritores cubanos más importantes, no sólo del exilio, Zoe Valdez en su exilio francés, Juan Abreu en su exilio español, Antonio Benitez Rojo, (recientemente fallecido en su exilio de Massachusetts), Rosario Hiriarte en su exilio Neoyorkino, todos ellos han ubicados sus narraciones en diferentes barriadas habaneras, lejos de la dramática realidad del mundo campesino revolucionario, que ha permanecido intocado por nuestros autores más destacados, porque desde luego no era parte de sus vivencias de primera mano, ni era posible investigarlo desde el exilio. Por otro lado la narrativa de Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez profusamente publicados en el exterior, ambos escritores todavía en Cuba, sus personajes malviven y sufren sus insignificantes vidas en las zonas marginales de La Habana, pero su crítica social no llega a tocar las estructuras políticas del régimen.
Al encarar la naturaleza emblemática de "El Olor de la Tierra", primera novela del escritor y abogado Faisel Iglesias, se me planteó la disyuntiva de que debía plantear esta noche aquí un análisis con énfasis en lo literario de la misma, o por si el contrario debía abordarla fundamentalmente desde la perspectiva sociológica-política. Como sociólogo he elegido esta última visión por razones puramente personales relacionadas, primero, con mis propios antecedentes campesinos: nací y me crié en una finca de caña muy cerca de la zona geográfica donde se desarrolla la trama de la novela. Su lectura ha revolcado en mi la vieja memoria de mi pasado rural, con todos sus olores, sabores y saberes y rescató el lento traquear de las grandes carretas de caña rumbo al ingenio, el sonido húmedo de los amaneceres, el sol bravío de los potreros en los pitones filosos de aquel toro garañón dueño y señor de todas la bacas de la comarca y la corriente de aquel río de mi infancia que resumía para mi el milagro de una naturaleza desbocada, al mismo tiempo fascinante que aún recuerdo con nostalgia. Pero además, hubiera seleccionado el enfoque socio-político porque da la casualidad que después de casi medio siglo de dictadura castrista mi patria todavía no es libre, y los culpables y responsables históricos de ese manicomio de horrores y errores que ha sido la Resolución Cubana por los últimos 47 años todavía no han respondido por sus fechorías ante los tribunales de justicia y aún no se sabe cuando ello pueda suceder. De ahí que al menos por esta noche, y en cuanto a mi concierne se impone el análisis socio-político sobre el literario. Así me lo dicta mi pasado de guajiro recalcitrante y mi conciencia de desterrado, pero sobre todo me lo pide a gritos desde su bohío de yaguas y guano, sus pies descalzos como dos rizomas jurásicos plantados sobre el piso de tierra de su bajareque el guajiro Segundo Cabra, verdadero protagonista de este drama del campesino cubano que Faisel Iglesias nos ha entregado matizado de poesía.
Por momentos el esplendor del paisaje paradisiaco de la zona amenazaba con hacernos olvidar las circunstancias sociopolíticas que han estrangulado por siglo a los "pobres de la tierra" con los que Martí quería y consiguió con su muerte heroica su "suerte echar" y nos regala la apabuyante variedad de la flora cubana:
"Había olor a hierba y las mariposas blancas y amarillas se prolongaban de flor en flor. En arbustos se levantaban las rosas trepadoras provistas de aguijones; barbas de Aarón cubriendo sus nidos; orquídeas transformadas en animalitos; por doquier rastreras filigranas con su característico olor; las carolinas, dejando su árbol desnudo, formaban en la tierra una alfombra que los niños después recogían y hacían bailar en los fondos de los taburetes; crisantemos traídos por el chino de la calle zanja; torolocos; girasoles de franco rostro; bejucos san pedro, de pétalos como cucharas hacían ladrar de picazón a los perros imprudentes; brujitas delicadas, cañandongas; claralisas enredadas; verdes vencedoras de hojas como la palma de una mano; diez de la mañana de cara al sol; vistosos vomíteles; lirios del japón; ixoras blancas y rojas; framboyanes en los patios, amenazando con la muerte del más viejo de la casa; amapolas de mil colores; alegres marpacíficos; guayaba olorosas a las orillas de los caminos; pecioladas hojas de antírium, geranios de rosas; geranios de olor; romerillos visitados por las abejas; envainados gladiolos; apretadas dalias; jacintos en el agua; claveles traídos por el moro bodeguero; lluvias de fuego pegadas a los paredones; nelubios cubriendo las presas; grandes solitarias; guayacanes prendidos a los seborucos; lirios de talex transparentes; ramilletes de novias; ásperas gloxineas; alamandas, tumbergias abrazadas a las palmas; perennes platanillos de libres pétalos, apergaminados; clitorias, como manzanas prohibidas; aromáticos azahares; hortensias de hojas simples, opuestas, de bordes enteros, dentados o lobulados; blancos clarines; exigentes agapantos; heliconias rojas en el centro y amarillas en las márgenes; fragantes magnolias; claveles de innumerables pétalos; begonias de variadas flores; gallitos, peregrinas de muchas formas; bondadosos maculisos; gardenias y tulipanes; margaritas de pequeño porte. De un tallo subterráneo en rizoma, que emergía de bello follaje, formado por largas, oblongas, de limbos más corto que los pecíolos, se levantaban como pájaros las aves del paraíso; estrellas del norte de hojas de bordes partidos; cactus de todos los colores y tamaños, pegados a los riscos. Había también príncipes negros, pero desde que un capullo se le abrió entre las manos, el Niño sentía ante ellos mucho dolor de amor y se ponía hermosamente triste, pero triste al fin, y ya desde entonces no mira ni regala flores. Además aprendio que tienen espinas, que muchas veces no llegan o llegan tarde y entonces son ridículas."
Pero allí mismo, en medio de aquella naturaleza desbordada sobrevivían malamente a su miseria material las familias de los campesinos sin tierra como aquella de los Galá, en aquel barrio "de bohíos terciados, construidos de un día para otro por el negro Rafael - como escribe Faisel Iglesias - sin tomarse el trabajo de medir las maderas, convencido, como pregonaba siempre, de que, pulgá más o menos, el clavo ñama" ....... como manera de paliar el hambre y la desesperanza.
Tal vez el drama humano más desgarrador lo protagoniza el guajiro Segundo Cabra, para mi, como dije al comienzo de estas palabras, el personaje central de esta novela. Casi una criatura de fabula, en medio de su miseria, la reciedumbre mítica de su cuerpo, es mas que nada una metáfora de la fortaleza interior, de la entereza moral para sobrevivir en circunstancias adversas que ha caracterizado a la clave pobre campesina cubana de todos los tiempos de cara a los vaivenes políticos y económicos que han padecido por siglos y que la Resolución parecía iba a remediar definitivamente con aquel grito esperanzador que echó a todo pulmón cuando bajó de la Sierra: " ¡La tierra es del que la trabaje!"Así, la Resolución entró en La Habana aquel enero de 1959, con un gran estruendo de botas y carabinas "San Cristóbal".
Los barbudos de la Sierra, fundamentalmente campesinos, cargados de cananas y rosarios, inundaron las calles asombradas de la capital y se apoderaron del corazón y las esperanzas de la mayoría abrumadora del pueblo cubano. No había espacio ni para la duda ni para el temo. Era la hora indisputable de la libertad. Con esa misma carga de ilusiones y de esperanzas bajó de la Sierra y regresó a su barrio el Guajiro-guerrillero Carlos Canteras, "con una barba de meses y los ojos rojos por debajo los pómulos", según, lo describe Faisel Iglesias. Los guajiros se asomaban a las puertas de los bohíos, se lanzaban al camino real, menos segundo Cabra .... cuenta Faisel... ¿Qué seña, qué mensaje oculto traían aquellos barbudos, que hizo dudar desde los primeros momentos a muchos hombres de la tierra, que llegaron incluso a oponerse con las armas a la Revolución que se había hecho en su nombre? ¿En qué momento comenzó la metamorfosis? ¿ Qué detalle imperceptible y fugaz llevaba ya la semilla de la tiranía que vendría después? ¿Cómo explicar el engaño a que fue sometido el pueblo todo, pero especialmente la clase campesina, los pequeños agricultores, aparceros, precaristas, jornaleros agrícolas, con la firma de aquella Primera Ley de Reforma Agraria en el viejo campamento La Plata, cuando en ese mismo momento ya se redactaba otra ley de reforma agraria, la que se aplicó después con un enfoque abiertamente colectivista y que convertiría a la gran masa campesina en jornaleros del Estado y al Estado en el más grande latifundista de la historia agraria del país?
Aquí es donde la novela de Faisel Iglesias hinca sus garras y nos entrega, a mi modo de ver, su mejor momento. En sólo unas palabras - porque el diálogo, con toda la carga de significados y poesía con que las dotas el autor, es el secreto de la eficacia de esta narración - nos enfrentamos a los sueños sin medida que arteramente sembró la Resolución en el corazón de los campesinos, para luego arrebatárselos. Escuchemos las palabras del guajiro guerrillero Carlos Canteras a su regreso de la Sierra frente a los campesinos pobres de su barrio en su función de interventor ...-
"¿Ustedes ven lo que tienen delante? - los interrumpió Carlos Canteras. Los campesinos fijaron los pensamientos en la vista -. ¿Ven lo que tienen detrás? ¿A la derecha? ¿A la izquierda? - los campesinos siguiendo el sentido de las palabras de Carlos Canteras le daban la vuelta a la cabeza-. ¡Bueno, todo eso es de ustedes! -Los campesinos se miraron incrédulos unos a los otros -. ¡Miren para donde están parados! - los campesinos clavaron la mirada en la tierra -. ¡Levanten la cabeza y miren al cielo, porque también ese es de ustedes!
- Este no cree ni en Dios - dijo Segundo Cabra.
-De ustedes, los que trabajaban en las tierras de Macho Valdés me siguen. Los demás, mañana, antes de que cante el gallo me esperan en el portón del potrero de Nené Villar. Allí la cosa será más fácil porque el muy pendejo se fue.
-¿Para dónde? - preguntó un campesino.
- Pa`l Norte - respondió Segundo Cabra.
-...
-De allí seguimos para el potrero de Papá - continuó Carlos Canteras -. La ley tiene que empezar por casa".
Atrapados por siglos de olvido, así entendió el campesino sin tierra el mensaje de justicia e igualdad:
-¡ El potrero de Macho Valdés! - exclamó Carlos Canteras agarrado a un poste de la cerca - ¡Las vacas flacas de Macho Valdés! ¡Tanta tierra para tan poca leche! - se volvió para los campesinos y les dijo:
-El potrero es grande. Lo vamos a repartir entre todos y a por igual.
-Interventor - interrumpió un campesino.
-¡Diga!-Pero hay un sólo río.
-Lo represamos en su propia madre, después lo desgajamos por entre loma y loma, pero cada campesino tiene que tener una loma y un pedazo de río.
-Con estos picos no se puede hacer un dique - dijo otro.
-Confiscamos un buldózer.
-¿Dónde?
-Donde lo haya.
-Eso no lo dice la ley - terció el teniente.
-Se lo agregamos.-¡Interventor!- dijo otro campesino.
-¡Diga usted!
-Hay un sólo toro.
-Lo narigoneamos, lo domamos y lo pasamos por todas las lomas de vaca en vaca, pero de ahora en lo adelante los niños no irán jamás a la escuela sin tomar leche."
La novela para mí culmina, con el drama del guajiro Segundo Cabra en el momento de ser llevado ante un tribunal revolucionario acusado de vender por la libre los productos que debía vender al Estado:
-Acusado Segundo Cabra ¿de quiénes eran las tierras que usted trabaja?"
- De los Valdés."
- ¿ Y lo Valdés no trabajaban?"
- Trabajar lo que se llama trabajar, con el lomo doblao sobre el surco, esos nunca trabajaron. Ellos vivían en el pueblo y" ...
- Y ... recibían el fruto de su trabajo, y el de toda su familia, generación tras generación, sentados cómodamente en el portal de sus casas."
- Así eran las cosas."-
¡¿ Lo que le arrancaban a la tierra de sol a sol?!" ...
- No, de luna a luna, porque antes de salir el sol ya nosotros estábamos en el surco y se iba y nosotros seguíamos ahí ... Pero ellos eran los dueños de aquellas lomas y de aquellos llanos. Y no sé quién de mi abuelo para arriba le dijo a uno de esos tátara de esos Valdés para desmontar un par de lomas y un pedazo del llano y " ...
- ¿Y ese tátara de esos Valdés les dio el par de lomas y el pedazo del llano?"
- Bueno, dárselo como dárselo no. Le dijeron: 'mira, echa el ganado para el otro lado, desmonta esas lomas, arranca el marabú del llano y siembra. Después nos das la mitad de la cosecha. De todas maneras ahí ni las vacas pueden entrar'. Y así fue como se cerró el negocio."
-¿Y qué ha sido de esos Valdés?"
- Bueno ... Unos están a noventa millas. Otros, dicen, que en el más allá. Pero yo creo que acá abajo - y dio un par de patadas en el piso."
- ¿Y les dejaron las tierras de regalo?"
-¡Regalar esa gente! Tenían miles de miles y le regateaban un centavo a cualquier muerto de hambre. Yo creo que por eso han perdido hasta su propia lengua. Esas tierras me las regalaron mi madre y mi abuela."
-¿ Cómo?"-Como lo oyes. Bueno, digo, es un decir. Esas tierras me las regalaron la Patria y la Revolución."
-A través de la Reforma Agraria ¿no?"
-Y no es un decir. Para eso tenemos los ojos los que quieran ver; manos lo que quieran palpar.
"-¿Cómo es posible acusado Segundo Cabra, que un campesino como usted, a quién la Revolución le ha dado la tierra para que la trabaje en su propio bien, en bien de su familia, de la sociedad, qué son esas escuelas donde estudian gratuitamente sus hijos, qué son esos hospitales donde se atiende sin miramientos a su madre, haya pretendido volverse explotador del maestro, del médico, del obrero, del hombre con sudor en la frente?" ...
-El Diablo son las cosas ...Yo estaba arando. Hacía mucho tiempo que no veía a Pedro cuando sentí que una mano se me posó en el hombro: '
-¡Segundo Cabra, caramba, siempre estás en el surco, pareces un terrón!'
'- Pedro Pérez, caray, dichosos los ojos que te ven ... Después que te fuiste para La Habana te la cogiste para ti sólo.¡Mira para eso, estás gordo y colorao como un tomate!
'- Hay que cambiar de ambiente.'
'- Siempre que sea para mejorar'...
'- ¿ Cómo te va el año? '- Tú sabes como son las cosechas. No dependen de uno, sino del tiempo. Y eltiempo son las cosas. Pero ahí vamos, tirando. Siempre se puede más. A ver, ¿traíste dónde llevar?
'- No, yo no vine a buscar. Hoy yo vine a traer.
'- ¿Con las manos vacías?'
'- También en la cabeza se pueden llevar y traer cosas.'
'- ¡Tú has aprendido mucho!
'- La calle, la universidad de la calle.
'- ¿Qué grado de escolaridad tiene usted, acusado Segundo Cabra?"
- Figurese aquellos tiempos. Uno saltaba del vientre de la madre al surco. Después fui alfabetizado. Ahora con tanto correr el tiempo, sumando una cosa y la otra debo andar por un tercer grado atrasao."
- ¿Nadie le dijo que usted no podía vender por la libre los productos que usted cosechaba en la tierra que para el bien de todos le entregó la Revolución?
-Bueno, mercado libre es libre ¿no? Al menos así decían los delegados del Gobierno, en la radio, en los periódicos"...
- Acusado Segundo Cabra, ¿el acusado Pedro Pérez trabajaba la tierra con usted?
- No."
-¿Y cómo usted puede justificar que él estuviera vendiendo los productos que usted cosechaba?"
- Bueno, yo los vendía por la libre, pensaba que él podía comprar por la libre. Después ya no eran míos, si quería venderlos que los vendiera."
- Pero ni usted podía vender por la libre, ni Pedro Pérez podía comprar por la libre para revender por la libre, porque Cuba ya no es un garito al mejor postor."
- A la verdad que uno nunca sabe."
-¿No sabía usted que para vender productos del agro, fuera del mercado al que usted le correspondiera, debía tener una autorización del Poder Popular, previa inspección de los productos?"
- Bueno, Pedro Pérez me enseñó unos papeles y me dijo que no había problemas."
- ¿Y usted los leyó?- Usted sabe, yo estaba arando"...
- Acusado Segundo Cabra. Será legal y todo lo que sea, pero no va, no va y no va. Al merolico, al que intente enriquecerse a costa del sudor de los demás, le caerá el rayo del Partido y sus huesos irán a la cárcel por tiempos inmemoriales."
De nuevo se sierra el circulo de frustraciones, desesperanzas, sobre el hombre del campo, ahora con el duro cerrojo del Partido.
Damos la bienvenida de este primer trabajo de narrativa, de crítica, de denuncia de las falsedades y las promesas incumplidas de la Resolución Cubana, desde el desconocido escenario de la ruralía cubana. Esperamos más testimonios literarios de Faisel Iglesias, desde su rica experiencia como abogado defensor de los campesinos atrapados entre las promesas de poseer unas tierras de las que nunca fueron realmente dueños ni antes ni después de la Resolución, que le costó la expulsión de su propia patria.Mientras la historia por venir no le haga al fin justicia a estos hombres y mujeres de la tierra, y los Galó y los Segundo Cabra que malviven todavía en las entrañas de los latifundios del Estado, sigan siendo llevados a los tribunales por tratar de vivir del trabajo, se sus manos en la tierra que los vieron nacer necesitamos que, al menos desde la literatura, se denuncie al mundo la iniquidad de ese sistema y la falsedad de sus promesas de redención, hasta que se cumpla al fin su vieja oferta de que "la tierra es del que la trabaja"....
Por eso en nombre de los Galá y de los Segundo Cabra que en Cuba sólo tienen la tierra que le echaran encima cuando mueran, digo esta noche de todo corazón ¡gracias Faisel!*Palabras del Dr Andrés Candelario la noche de la presentación de la novela El Olor de la Tierra, en la casa de España, en San Juan, Puerto Rico, el día 28 de abril de 2005
**El Dr Andrés Candelario. Pinar del Río. Cuba. Escritor y Profesor de la Universidad de Puerto

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