miércoles, 7 de octubre de 2009

PARA LA CONVIVENCIA NACIONAL


Por el Lcdo. Juan José López

Fundador de la Corriente Agramontista


Al morir Fidel Castro el gobierno sucesor seguramente va a decretar ese día “Luto Nacional”. Quizás por setenta y dos horas o incluso convertirá el hecho en efeméride histórica, lo cual no podemos evitar. Ellos tienen el poder.
En Cuba lo ideal seria hacer un Panteón por todos los Caídos, sin esperar la muerte de nadie. Eso haría pensar a todos en los errores cometidos. Incluso haría reflexionar a los Castros, quienes en los últimos cincuenta años han manejado al país a su antojo.
La vida de Fidel Castro, esta llena de odios, ambición de poder, decisiones sangrientas, y destrucción general. Sin embargo, para sus seguidores, es un líder con todo lo que esto entraña. Se llega hasta hablar de "fidelismo" como ideología preferida, por encima hasta del mismísimo del marxismoleninismo.
Decretar “Luto Nacional” por un solo hombre, que por demás, durante su vida ha gobernado como si el país fuese la prolongación de su Yo, es injusto.

El gobierno sucesor debe considerar el dolor de todos. Todos los caídos merecen ser recordados.
Lo cierto es que Castro tiene seguidores. No podemos tapar el sol con un dedo. Aunque entre ellos haya un número que no sienta de veras lo que hacen. El hecho de seguirlo, de apoyarlo con el trabajo dentro del gobierno y las instituciones estatales que han garantizado su permanencia en el poder, iguala el fenómeno.
Los oponentes al fidelismo, entre los que me encuentro, debemos tener en cuenta la existencia de este grupo gubernamental, sus sentimientos y perspectiva pero, también debemos exigir el reconocimiento de nuestros muertos. La Patria es de todos.
En la propaganda impulsada por el oficialismo se denuncia al exilio cubano, sus organizaciones históricas, como hombres intolerantes y llenos de intenciones de venganza. Eso no es verdad. El dolor concentrado aquí en la diáspora, donde hay libertad para expresarlo, hace posible hacerlo y ha sido objeto de tergiversaciones. Por ello también se acusa a los exiliados de monopolistas del dolor, no siendo esto real.
Lo justo es un día convivir con las diferencias. Es duro en ambos lados la aceptación de la visión contraria. Los seguidores de Fidel Castro no aceptan el dolor de sus adversarios. Cuando ellos matan, creen haber dado muerte a sus enemigos de guerra, a quienes acusan de atentar contra la identidad nacional, al servicio de una potencia extranjera. Otra falsedad que omite la responsabilidad gubernamental de innumerables muertes, causadas incluso por misiones oficiales. Ellos también son victimas. Merecen luto.
Los oficialistas, también acusan a sus adversarios de excesos cometidos en el Escambray el avión de cubana derribado en Barbados, entre otros que dibujan una guerra infinita. Estos hechos hay que investigarlos y encarararlos con objetividad, por el valor de la verdad, por la justicia, para dejar de usarlo como argumento para anular a otros.
En realidad ha de ponerse fin a las acusaciones mutuas, esa mentalidad primitiva va a cumplir cincuenta y un años. Hay que detener el atrincheramiento de ideas y monopolios de dolory de la verdad. Los problemas nacionales son superiores al debate político actual. Los dolores patrios deben terminar.
Fíjense lo ocurrido al pobre Pánfilo, un hombre enfermo que dijo que en Cuba hay hambre y por eso lo llevaron a prisión. Menos mal que ha habido un intento de rectificación de ese hecho abominable. Es de esperar otros, como la liberación de poetas y escritores encarcelados por hablar y escribir, en la conocida primavera negra del 2003.
Los cristianos, civilización a la que pertenecemos, pueden entender el “Luto Nacional por Todos los muertos” o bien un "Panteón por todos los Caídos", hayan sido en confrontación, en la cárcel o en el mar. Un pueblo sin memoria es un pueblo indigno.
Si hoy no se construye ese panteón de los caídos, espero que la muerte de Fidel Castro sirva para iniciar el sendero de la reconciliación nacional. Su vida ha generado destrucción, ojala que su desaparición sirva a la paz nacional.

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