lunes, 27 de abril de 2015

EL BENNY DE FAISEL IGLESIAS

Por Alberto Rodriguez
Un día se fue. Cuando uno sale no sabe hasta dónde va a llegar.
                                                                                      Faisel Iglesias.
 
Conocí a Faisel a mediados de los años ochenta cuando ni la más encumbrada pitonisa, sentada en su trípode de Delfos, podría soñar con el derrumbe del muro de Berlín.  Nuestros pitonisos lo siento, por este meridiano abundan ni siquiera lo presintieron en sus más oscuras pesadillas de pérdida de poder político.  Faisel era ya un abogado penalista que sabía con maestría ejecutar la vivisección de una causa penal, hasta acceder a su más profunda impiedad y derrumbar a golpes de corazón y técnica las peticiones fiscales. La elocuencia de su verbo y la iluminación de su discurso llegó a tal relieve que el mismo Jefe de Estado, nada menos que esa categoría histórica (para bien o para mal), el Comandante en Jefe, veía por control remoto desde su encumbrada oficina los alegatos del joven letrado. Prueba de ello es que terminado el juicio del caso de Tarara en 1992, donde serian fusilado unos jóvenes que, sorprendidos en medio de una oscura madrugada, cuando intentaban salir del país ilegalmente, entablaron un tiroteo con la policía matando a tres oficiales, Fidel Castro, en un discurso a toda Cuba, desde el cementerio donde seria sepultado el soldado Pérez Quintosa (que por cierto, antes de morir expresó que el representado por el joven abogado no había sido quien le disparó), parafraseó a Faisel y veladamente lo amenazo: … “hablaron conmigo para quitar al abogado, pero yo dije que no”,  expresó. ¡Horrendo! Nada menos que el propio Jefe de Estado y de Gobierno reconocía que el quitaba y ponía abogados, violando los más elementales derechos del acusado.

Para ese tiempo, Faisel tenía conciencia – como los mejores modernistas cubanos - del valor creador de la palabra, de la capacidad del discurso probarse a sí mismo. Nadie puede imaginar cómo este hombre con su palabra logro salvar tantas vidas y contribuir a que el régimen tuviera que modificar una legislación.

Faisel había estudiado de los teóricos socialistas, que delito más que conducta típica, antijurídica y culpable, es la acción socialmente peligrosa. Cómo entonces podía decir el gobierno cubano que era delito, que era socialmente peligrosa la conducta de un sujeto que, precisamente estaba dirigida a abandonar al país, a la sociedad que se dice atacada, según la lengua viperina del fiscal de turno.

Faisel hacia caer al régimen en sus propias trampas. El entonces Fiscal de Ciudad Habana, hoy Jefe de asuntos jurídicos y constitucionales de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Dr. Toledo Santander, le dijo un día en tono de advertencia: …“no tenemos queja profesional contra ti, pero no sabemos qué haces que le causas tanto daño a la Revolución.” Faisel se mantuvo callado. Después me dijo que sintió el deseo de contestarle: “diciendo la verdad, con los valores de la ciencias jurídicas y las virtudes del arte.”

Faisel no solo defendía a sus clientes, sino que acusaba al régimen y hacia incurrir en los errores más crasos a nada menos que al Líder de la Revolución.  Faisel tenía tres opciones: La cárcel, la muerte, o el exilio.  Sin embargo, no se visualizaba en otro lugar. Se sentía útil en Cuba a pesar del peligro. Estaba flaco y preocupado.  Logramos convencerlo. La propia Seguridad del Estado le facilitó una lancha para que se fuera del país. Necesitaban salir de él. Te vas o te desaparecemos, le dijeron. Desde esa madrugada no veo al amigo, al padre, al maestro.  Ahora El Benny me lo ha devuelto. Otra vez lo siento: no son las causas penales por nuestro meridiano infelices perros de laboratorio,  engendros del bestiario medieval, basiliscos y arpías.

Faisel practicaba el derecho penal como un budista que desde la percepción del drama humano lo aminora, lo cura, lo intenta destronar del templo de la aceptación sembrando pagodas de justicia. Ni siquiera era yo un lechuguino, decir que fui, sería dignificarme. Había leído toneladas de libros, había escrito resmas de cuentos y poemas y novelas inconclusas, pero no tenía rumbo, era, sin ambages, un desarraigado con lecciones de rock, hambriento literalmente — ¡literalmente hambriento!— y [¿anti?]social que paleaba mi aislamiento con una cultura democrática por las mujeres de todos los colores, tamaños y deformaciones. Yo no era ni un cuasi¾lechuguino, era una proa que rompía aguas sin la percepción del puerto en mi seca aventura marinera.

Entonces lo conocí cuando matriculé Derecho en la Universidad de La Habana. Si la vida te cobra un precio por los favores que te otorga, tuve una suerte inmensa. Encontré en Faisel tres elementos difíciles que se mixturen, igual de complicado gatear en dirección a la luna: un amigo, un hermano y un padre, y para que no me quejara de mi suerte, joven. En su modesto apartamento de Centro Habana, cerca del aún teatro América ahora ni sé qué diantre es si teatro o cajón para que suden los egos y se lubriquen las lujurias uno subía las escaleras empinadas de sucio mármol del edificio y accedía de la puerta a sus libros y su escritorio. Consistía en una silla de hierro y una bella máquina de escribir mecánica de aquellas que hacían más ruido que un combate y que para mayor verosimilitud donde se colocaba la cinta parecían casamatas en que se apostaban las ametralladoras. Los tipos rompían el papel, el carbón y las copias de tan filosos y los vecinos debieron estar sometidos a un tableteo que sólo la música que nacía harían pasables las madrugadas. Era apta para la guerra cuando había que teclear documentos jurídicos y para la paz y la poesía llegado el instante. No era esquizoide aquella máquina de la que me duele su ausencia y su destino, era genial. A veces, lo sé, escribía sola de noche. Allí se gestó el Benny, que comenzó siendo una frase.

Benny era, es, ¿seguirá siendo? una de las obsesiones de Faisel. La novela debió haber tenido un comienzo en alguna célula ignota de su cerebro en la cota más enigmática del tejido, ese punto luminoso que los pitonisos han intentado descubrir, desentrañar y sancionar a ostracismo o muerte cerebral en los escritores. Qué bien que no lo han conseguido. Su temor al escritor es la más despótica prueba de que han podido y pueden contra invasiones y embargos mientras tengan una cantidad suficiente de cifras humanas para enfrentarlo y listas a la inmolación ciega. Pero no cuentan ni con la técnica y menos con las artes del vudú para cercar al escritor, aislarlo y pasarlo por las armas.

La novela de Faisel es una prueba del fracaso del intento y la frustración en esa dirección, aun calculado en el secretismo de oficinas cerradas o bunkers a prueba de sociedad civil. Porque gana la escritura de Faisel por su capacidad de ser un sueño. Si el lector se permite ser atrapado, si cómplice de esta ruptura con las leyes que dictaminan novela light, escritura fácil de rápida descodificación con lenguaje de noticieros, el sueño lo hipnotiza. Es, advierto, sueño organizado. Nuestros sueños perecen ser faltos de edición lógica, a color o en negro y blanco, tenebrosos y pedestres, de lágrimas y hasta, para los más dichosos y en la élite de la gracia bienaventurada, risueños o de risas. Benny de Faisel es organización en su estructura, una poesía única que se mueve palabra a palabra en la historia que cuenta y en la historia que es ella misma la novela adentrándonos en lo que a mí me parece más tenebrismo a lo Caravaggio no sus imitadores que fácil luz natural. La complejidad del orden y lo que cuentan esa sucesión de palabras es más pintura tenebrista que luz tropical fingida abunda mucho por ahí el simulado acto de contar historias de nuestra nacionalidad sin logro o al menos consiguiendo una absoluta locura daltónica sin dejar de ser tierra cubana, drama de nuestra historia, olor de miserias y éxitos dichosos en su propia muerte.

El sueño que es Benny, una vez que te atrapa, no te despierta hasta la llega triste de la última palabra, esa que cierra la historia, pone fin a la novela y deja con el sabor a desear que continúe. Por mi parte volví al comienzo del sueño inducido dos veces más descubriendo para mi asombro y también para golpe en mi prurito de lector entrenado nuevos meandros, otras sutilezas, y los fantasmas que aparecen en volumen traspasaron la línea de la muerte para alcanzar en mí la eternidad. Confieso y a confesión de parte relevo de pruebas que mi conocimiento del Benny era limitado. Debo intentar resumirlo: su música, algunas lecturas mal escritas, trabajos periodísticos, reseñas, anécdotas que conocía mi familia paterna como aquella en que Benny pasaba en chancleta la carretera la misma por la que rodaba Hemingway hacia el Floridita aparecía en el Ali-Bar para tranquilidad del dueño, Alipio, y metiendo su prótesis dental en un vaso con agua alguien me comentó después que era Bacardí ejercitaba su canto. Faisel me hizo entender otras posibilidades de la vida del artista. Como toda buena utilización de la ficción basándose en un conocimiento de todas las aristas vitales y contextuales de lo que se cuenta, la novela vierte nuevas perspectivas en el cuadro haciéndolo más comprensible, aún a riesgo de que el observador el lector reciba un aumento de la carga: dolor, desesperanza y aturdimiento. Puedo negarlo, este placer de la lectura de Benny no es masoquismo, no hay que transferir retribución alguna por la experiencia única de su lectura, ni abrirse las venas ni someterse al tormento espantoso del vinagre en las heridas punzantes. Pero sí, manipularía si lo oculto o digo lo contrario, la lectura de Benny es una odisea de nosotros mismos, de lo que somos y aún de lo que no queremos ser de nuestra tierra geográficamente hablando, y de nuestra tierra en términos filosófico y espiritual. Es reconocimiento palabra a palabra de nuestro drama como personas y como nacionalidad y ello comporta un precio. Sin embargo la intensidad de esta narrativa no se detiene aquí. Continúa. También es reconfortante.

Me atrevería decir y digo me atrevería porque a veces la célula ignota que quieren controlar los pitonisos no va por el camino que el escritor quiere y hasta necesita que la novela de Faisel se propuso también ser edificante. Digo la novela de Faisel se propuso, ¡debe ser esto observado!, y no Faisel se propuso. En el caso de lo edificante creo que fue el demiurgo ¾quiero que se piense en el demiurgo según legado de Platón en el Timeo y no en los clones¾ quien condujo los corceles de Platón por el sendero de lo edificante para restañar las heridas que Benny podría infligir al lector. No Faisel, no. En ningún momento el autor. Faisel es un hombre de dolor, un brote de la tierra más occidental de Cuba, que conquistó la cultura citadina con las armas de la sabiduría. Ni tiros, ni celadas, ¡mucho menos emboscadas! Es un hombre de angustias y reservas altísimas de sufrimiento. Su centro nervioso es un hervidero que se templa con el fuego eterno del drama humano. A riesgo de que me eche un responso, Faisel es un escritor de la aventura humana más complicada y no pocas veces inconclusa y sesgada por fuerzas incomprensibles. No es escritor de la francachela y la fiesta salpicada de confeti que son las lentejuelas de la hipocresía. Es un martiano que dice como Pepe Martí: ¿qué hago yo en este baile? Y acepta el baile —y es un buen bailador al menos hasta donde alcanza mi memoria visual como era bueno en atletismo (fue miembro de la Preselección Nacional pero es una danza del ancestral llanto humano, sabor a poquedad, a insensatez de la vida, a los tentadores 120 años bíblicos que no alcanzamos, al dolor del saber, sabiendo que no podrás saber. Como el autor del Eclesiastés Faisel está más en el luto, que la orgía homo sapiens que da saltos en su euforia de dominante, mientras que la tierra tiembla a sus pies y se desmorona.

La novela se gestó también caminando por las calles de La Habana, donde el Benny ejercitaba más que en ningún otro lugar, el don de la ubicuidad. Faisel y quien escribe gastamos zapatos por esas calles que van desapareciendo aunque cierta vitrina oficialista haga ver que la ciudad se salva. Pero todavía testigo desde mi posición de observador cercano Faisel se ha anclado a una distancia que duele convertir en millas náuticas algo de nosotros persiste en esas aceras de entonces. Una bocacalle, una hermosa dama de pasada, el libro bajo el brazo, una toga al viento luego de una vista oral en que par de jueces legos y profesionales quedaron dormidos en brazos del embrutecimiento. Más que en ninguna otras en Neptuno o Galiano, la 23 del Vedado, o las humildes de la zona más vieja de la ciudad, y que a mí aún hoy me dan vértigo porque creo que caeré de vuelta al siglo XVI. Esa es la ciudad de la gestación aunque la materialización se haya verificado fuera de las fronteras que alambraron ¾¡y alambran con esparto anti-información!¾ esas calles. Lastima no tener espacio y que la cantidad de palabras indiquen que el lector puede agotar la paciencia cedida con tanta amabilidad, muchas revelaciones dejarían de ser material clasificado. En esas calles encontramos al Benny, hablando de cosas entonces Benny no sabía que en La Habana te multarían por decir cosa y directo a prisión si articulabas la cosa está mala que sólo nosotros tres podíamos entender en el lenguaje de la poesía, y se escrituraban en la mente de Faisel y hoy en mis manos evocan y reconstruyen el tiempo que se fue. De la única manera en que se nos va el tiempo, como se gasta una canción del Príncipe del Mambo en un 45 rpm con scratch de fondo, que perteneció a una victrola desguazada a machetazos hace más de medio siglo.

 

jueves, 9 de abril de 2015


MI AMIGO EL AMERICANO
Por Alberto Rodríguez Lopez
(desde Cuba)

Esta crónica está dedicada a mi hermano Faisel.
 Aunque sé que será el primer sorprendido,
él me enseñó a mirar el entorno con mansedumbre y sensibilidad.
  No basta tener sensibilidad, para observar con sensibilidad.

Diciembre tuvo día significativo sin relación con el venerable 17 de parte de la ciudadanía cubana.  No sólo día de Babalú Ayé, san Lázaro en el sincretismo.  Fue jornada en que Estados que se escudriñaron desconfiados más de medio siglo, publican intenciones de dialogar.

De pura casualidad mi amigo el americano estaba sobrio.  No ocupaba su espacio en los portales de Prado  ¾no tiene casa, vive en calle¾ y meditaba la manera de recuperarlo bajo un techo que se desploma, entre columnas que le protegen de los elementos.  Sus lugares alternativos, habían sido tomados por la pasión constructiva musulmana suní, que levanta hoteles en cráteres citadinos.

Sacudido por agentes del orden para que »moviera el esqueleto«.  Un gerente del restaurante contiguo al refugio delató su mugriento espectáculo para el turismo.  Mi amigo bucea latas de aluminio en basureros y las vende a Recuperación de Materias Primas, a 8 pesos ¾centavos de dólar¾ el kilogramo.  Debido a la competencia, contrajo deudas imposibles de honrar.  Si me pide el bolsillo está magro.  Dice que como empresario me supera, soy un muerto de hambre que escribe musarañas.  Cuando tengo calderilla le compro pan con una lasca [quita] de jamón, si el poso de mi bolsa paga el importe.  A veces come, en ocasiones lo cambia por lo que de inicio necesitaba, ron o sucedáneos.  Entonces se escucharon gritos:  llegaron americanos, es el americano, o del americano.  Mi amigo sintió la presencia de su par.

El grito se trocó alarido:  le fachó la cadena, aulló uno con cara de jabalí.  Viandantes subían Prado con rostros de ira en dirección a los leones asustados.  ¿Cacería de leones de bronce, en safari citadino?  Mi amigo quedó de una pieza y extrañó la melopea que le hacía pasar por el clásico eximido de responsabilidad penal.  Ése ¾señaló cara de jabalí con colmillos espumosos¾ ése fue el que fachó la cadena.  Mi amigo se señaló a sí mismo, acción condicionada, mano de títere que partió el hilo de la preservación.  Jabalí tomó iniciativa y arengó la tropa.  Se había sumado una escolta de azules del orden, negras tonfas dando mandobles, esposas abiertas, y las Makarov con sus nueve milímetros prestos a encontrar carne.  Era sin equívoco un safari.

Mi amigo se registró inquiriendo una cadena, aunque fuera la de descargar el añorado inodoro en la que fue su casa de Buena Vista.  La Culpa lo asaltó.  Podría sin tener cadena alguna decir que había sido el ladrón ¾martillaba la gritería de Jabalí y sus porteadores azules:  ¡míralo, el que fachó la cadena, cógelo, cógelo!¾, que no recordaba dónde la había dejado.  ¿La había dado a un barman de Neptuno que le decían el Manco a cambio de un pepino con Hueso de Tigre, o cambiado por un alcoholímetro?  Atrayéndolo como un imán, La Culpa lo arrastraba al colimador de la justicia impartida a nombre del pueblo.

El safari engordaba, Jabalí había obtenido grados de comandante.  Porteadores y escopeteros recibían sus órdenes con el respeto de una sincrónica cadena de mando.  Si no me gustan las cadenas ni siquiera para privar de libertad a mi perra, el safari debía estar en un error áureo.  Sin dudas un asunto relativo a la cinemática.  Mi amigo y yo, petrificados.  Había un problema de Física, territorio donde mi amigo se movió con soltura.  Detenidos, temblorosos en los portales de Prado.  Y el safari perseguía.  Jabalí bufaba, se le inflamaban pelos espumosos.  Clavó patas:  cógelo chino.  La sombra tras nosotros capturada por la avanzadilla, o en buena terminología guerrillera, apresada por la vanguardia.

Apareció el americano echando carrerita peligrosa para su corazón.  Visibles improntas en el cuello de que le habían arrebatado una cadena.  Mi amigo se sintió, ante su par, viejo con parásitos marcado por cicatrices.  Jabalí, comandante al fin, arengó que el pueblo no permitirá arrebatasen cadenas a los turistas americanos.  Del safari gritaron que amigos de los imperialistas, destriparemos arrebatadores de cadenas aunque representen el sudor de pueblos oprimidos.  Jabalí lo cortó tirándole una mordida de ajuste ideológico de nuevo manual.  El americano agradeció con acento sureño.  Llegó el Geely, cargaron al antisocial cercado por vivas al pueblo de Linchón.  Deseaban decir Lincoln, sin éxito.

Despejado el enrarecido apareció Ramona.  Me pidió cambiara su nombre, si describía el suceso.  Es la novia de mi amigo, que obtuvo alias cuando tenía pelo rubio por los años setenta.  Profesor de Física de un preuniversitario en la ciudad, hoy herida de cráteres y paisaje lunar.  Se alcoholizó por motivos relacionados con su lengua.  Su vida se fue por el tragante.  Ramona, de Guantánamo, tiene veinte años menos.  Hacen el amor cuando encuentran un recoveco mediando la caneca recargable.  Ramona dijo que conocía al supuesto delincuente.  Nos miramos con extrañeza.  Fue calabocero, aseguró, de la unidad de policía de Picota.  Subiendo en el escalafón, hace trabajo operativo secreto.

martes, 6 de enero de 2015

EL BENNY EN FAISEL IGLESIAS

Un día se fue. Cuando uno sale no sabe hasta dónde va a llegar.
Faisel Iglesias.
Novela El Benny
Por Alberto Rodriguez

Conocí a Faisel a mediados de los años ochenta cuando ni la más encumbrada pitonisa, sentada en su trípode de Delfos, podría soñar con el derrumbe del muro de Berlín.  Nuestros pitonisos lo siento por este meridiano abundan ni siquiera lo presintieron en sus más oscuras pesadillas de pérdida de poder político.  Faisel era ya un abogado penalista que sabía con maestría ejecutar la vivisección de una causa penal, hasta acceder a su más profunda impiedad y derrumbar a golpes de corazón y técnica las peticiones fiscales. Otra vez lo siento: no son las causas penales por nuestro meridiano infelices perros de laboratorio, son engendros del bestiario medieval, basiliscos y arpías. Practicaba el derecho penal como un budista que desde la percepción del drama humano lo aminora, lo cura, lo intenta destronar del templo de la aceptación sembrando pagodas de justicia. Ni siquiera era yo un lechuguino, decir que fui, sería dignificarme. Había leído toneladas de libros, había escrito resmas de cuentos y poemas y novelas inconclusas, pero no tenía rumbo, era, sin ambages, un desarraigado con lecciones de rock, hambriento literalmente —¡literalmente hambriento!— y[¿anti?]social que paleaba mi aislamiento con una cultura democrática por las mujeres de todos los colores, tamaños y deformaciones. Yo no era ni un cuasi¾lechuguino, era una proa que rompía aguas sin la percepción del puerto en mi seca aventura marinera.
Entonces lo conocí cuando matriculé Derecho en la Universidad de La Habana. Si la vida te cobra un precio por los favores que te otorga, tuve una suerte inmensa, por el precio de uno encontré en Faisel tres elementos difíciles que se mixturen, igual de complicado gatear en dirección a la luna: un amigo, un hermano y un padre, y para que no me quejara de mi suerte, joven. En su modesto apartamento de Centro Habana, cerca del aún entonces teatro América ahora ni sé qué diantre es si teatro o cajón para que suden los egos y se lubriquen las lujurias uno subía las escaleras empinadas de sucio mármol del edificio y accedía de la puerta a sus libros y su escritorio. Consistía en una silla de hierro y una bella máquina de escribir mecánica de aquellas que hacían más ruido que un combate y que para mayor verosimilitud donde se colocaba la cinta parecían casamatas en que se apostaban las ametralladoras. Los tipos rompían el papel, el carbón y las copias de tan filosos y los vecinos debieron estar sometidos a un tableteo que sólo la música que nacía harían pasables las madrugadas. Era apta para la guerra cuando había que teclear documentos jurídicos y para la paz y la poesía llegado el instante. No era esquizoide aquella máquina de la que me duele su ausencia y su destino, era genial. A veces, lo sé, escribía sola de noche. Allí se gestó el Benny, que comenzó siendo una frase.
Benny era, es, ¿seguirá siendo? una de las obsesiones de Faisel. La novela debió haber tenido un comienzo en alguna célula ignota de su cerebro en la cota más enigmática del tejido, ese punto luminoso que los pitonisos han intentado descubrir, desentrañar y sancionar a ostracismo o muerte cerebral en los escritores. Qué bien que no lo han conseguido. Su temor al escritor es la más despótica prueba de que han podido y pueden contra invasiones y embargos mientras tengan una cantidad suficiente de cifras humanas para enfrentarlo y listas a la inmolación ciega. Pero no cuentan ni con la técnica y menos con las artes del vudú para cercar al escritor, aislarlo y pasarlo por las armas.
La novela de Faisel es una prueba del fracaso del intento y la frustración en esa dirección, aun calculado en el secretismo de oficinas cerradas o bunkers a prueba de sociedad civil. Porque gana la escritura de Faisel por su capacidad de ser un sueño. Si el lector se permite ser atrapado, si cómplice de esta ruptura con las leyes que dictaminan novela light, escritura fácil de rápida descodificación con lenguaje de noticieros, el sueño lo hipnotiza. Es, advierto, sueño organizado. Nuestros sueños perecen ser faltos de edición lógica, a color o en negro y blanco, tenebrosos y pedestres, de lágrimas y hasta, para los más dichosos y en la élite de la gracia bienaventurada, risueños o de risas. Benny de Faisel es organización en su estructura, una poesía única que se mueve palabra a palabra en la historia que cuenta y en la historia que es ella misma la novela adentrándonos en lo que a mí me parece más tenebrismo a lo Caravaggio no sus imitadores que fácil luz natural. La complejidad del orden y lo que cuentan esa sucesión de palabras es más pintura tenebrista que luz tropical fingida abunda mucho por ahí el simulado acto de contar historias de nuestra nacionalidad sin logro o al menos consiguiendo una absoluta locura daltónica sin dejar de ser tierra cubana, drama de nuestra historia, olor de miserias y éxitos dichosos en su propia muerte.
El sueño que es Benny, una vez que te atrapa, no te despierta hasta la llega triste de la última palabra, esa que cierra la historia, pone fin a la novela y deja con el sabor a desear que continúe. Por mi parte volví al comienzo del sueño inducido dos veces más descubriendo para mi asombro y también para golpe en mi prurito de lector entrenado nuevos meandros, otras sutilezas, y los fantasmas que aparecen en volumen traspasaron la línea de la muerte para alcanzar en mí la eternidad. Confieso y a confesión de parte relevo de pruebas que mi conocimiento del Benny era limitado. Debo intentar resumirlo: su música, algunas lecturas mal escritas, trabajos periodísticos, reseñas, anécdotas que conocía mi familia paterna como aquella en que Benny pasaba en chancleta la carretera la misma por la que rodaba Hemingway hacia el Floridita aparecía en el Ali-Bar para tranquilidad del dueño, Alipio, y metiendo su prótesis dental en un vaso con agua alguien me comentó después que era Bacardí ejercitaba su canto. Faisel me hizo entender otras posibilidades de la vida del artista. Como toda buena utilización de la ficción basándose en un conocimiento de todas las aristas vitales y contextuales de lo que se cuenta, la novela vierte nuevas perspectivas en el cuadro haciéndolo más comprensible, aún a riesgo de que el observador el lector reciba un aumento de la carga: dolor, desesperanza y aturdimiento. Puedo negarlo, este placer de la lectura de Benny no es masoquismo, no hay que transferir retribución alguna por la experiencia única de su lectura, ni abrirse las venas ni someterse al tormento espantoso del vinagre en las heridas punzantes. Pero sí, manipularía si lo oculto o digo lo contrario, la lectura de Benny es una odisea de nosotros mismos, de lo que somos y aún de lo que no queremos ser de nuestra tierra geográficamente hablando, y de nuestra tierra en términos filosófico y espiritual. Es reconocimiento palabra a palabra de nuestro drama como personas y como nacionalidad y ello comporta un precio. Sin embargo la intensidad de esta narrativa no se detiene aquí. Continúa. También es reconfortante.
Me atrevería decir y digo me atrevería porque a veces la célula ignota que quieren controlar los pitonisos no va por el camino que el escritor quiere y hasta necesita que la novela de Faisel se propuso también ser edificante. Digo la novela de Faisel se propuso, ¡debe ser esto observado!, y no Faisel se propuso. En el caso de lo edificante creo que fue el demiurgo ¾quiero que se piense en el demiurgo según legado de Platón en el Timeo y no en los clones¾ quien condujo los corceles de Platón por el sendero de lo edificante para restañar las heridas que Benny podría infligir al lector. No Faisel, no. En ningún momento el autor. Faisel es un hombre de dolor, un brote de la tierra más occidental de Cuba, que conquistó la cultura citadina con las armas de la sabiduría. Ni tiros, ni celadas, ¡mucho menos emboscadas! Es un hombre de angustias y reservas altísimas de sufrimiento. Su centro nervioso es un hervidero que se templa con el fuego eterno del drama humano. A riesgo de que me eche un responso, Faisel es un escritor de la aventura humana más complicada y no pocas veces inconclusa y sesgada por fuerzas incomprensibles. No es escritor de la francachela y la fiesta salpicada de confeti que son las lentejuelas de la hipocresía. Es un martiano que dice como Pepe Martí: ¿qué hago yo en este baile? Y acepta el baile es un buen bailador al menos hasta donde alcanza mi memoria visual como era bueno en la marcha pero es una danza del ancestral llanto humano, sabor a poquedad, a insensatez de la vida, a los tentadores 120 años bíblicos que no alcanzamos, al dolor del saber, sabiendo que no podrás saber. Como el autor del Eclesiastés Faisel está más en el luto, que la orgía homo sapiens que da saltos en su euforia de dominante, mientras que la tierra tiembla a sus pies y se desmorona.
La novela se gestó también caminando por las calles de La Habana, donde el Benny ejercitaba más que en ningún otro lugar, el don de la ubicuidad. Faisel y quien escribe gastamos zapatos por esas calles que van desapareciendo aunque cierta vitrina oficialista haga ver que la ciudad se salva. Pero todavía testigo desde mi posición de observador cercano Faisel se ha anclado a una distancia que duele convertir en millas náuticas algo de nosotros persiste en esas aceras de entonces. Una bocacalle, una hermosa dama de pasada, el libro bajo el brazo, una toga al viento luego de una vista oral en que par de jueces legos y profesionales quedaron dormidos en brazos del embrutecimiento. Más que en ninguna otras en Neptuno o Galiano, la 23 del Vedado, o las humildes de la zona más vieja de la ciudad, y que a mí aún hoy me dan vértigo porque creo que caeré de vuelta al siglo XVI. Esa es la ciudad de la gestación aunque la materialización se haya verificado fuera de las fronteras que alambraron ¾¡y alambran con esparto anti-información!¾ esas calles. Lastima no tener espacio y que la cantidad de palabras indiquen que el lector puede agotar la paciencia cedida con tanta amabilidad, muchas revelaciones dejarían de ser material clasificado. En esas calles encontramos al Benny, hablando de cosas entonces Benny no sabía que en La Habana te multarían por decir cosa y directo a prisión si articulabas la cosa está mala que sólo nosotros tres podíamos entender en el lenguaje de la poesía, y se escrituraban en la mente de Faisel y hoy en mis manos evocan y reconstruyen el tiempo que se fue. De la única manera en que se nos va el tiempo, como se gasta una canción del Príncipe del Mambo en un 45 rpm con scratch de fondo, que perteneció a una vitrola desguazada a machetazos hace más de medio siglo.

martes, 2 de diciembre de 2014

DOS HORAS CON ERNESTO LONDONO

Nuestro equipo sostuvo una conversación con el periodista de 'The New York Times' a quien se atribuye la autoría de los editoriales sobre Cuba

14ymedio, La Habana | Diciembre 01, 2014
 
Ernesto LondoñoErnesto Londoño
 
Ernesto Londoño, a quien se atribuyen los seis editoriales sobre Cuba publicados recientemente por The New York Times, sostuvo el pasado sábado una amigable conversación con parte del equipo de 14ymedio en el hotel donde se hospeda en La Habana.
 
Nuestra intención era entrevistarlo, pero nos dijo que las normas de su medio le prohíben dar entrevistas sin consulta previa. También declinó nuestra propuesta de hacerle fotos. En cambio, estuvo muy dispuesto a escuchar nuestras opiniones en un ambiente de respeto mutuo. Fueron dos horas de conversación dedicada a matizar, enriquecer y polemizar las controvertidas ideas que ha manejado ese periódico en sus editoriales.
A continuación publicamos una apretada síntesis de lo que allí se le dijo, ordenada por temas y señalando el autor de cada opinión.
 
Periodismo
 
Yoani Sánchez: El cubano va a necesitar mucha información para no caer en las manos de otro autoritarismo. En 14ymedio le estamos dando participación a una pluralidad de voces, por ejemplo sobre el tema del embargo. Dejamos que el lector forme su propia opinión a partir de una información variada.
 
Reinaldo Escobar: La prensa oficial cubana, que es toda la prensa, no son medios públicos, son propiedad privada del Partido Comunista. Ahora ¿ha habido un cambio? Sí, ha habido un cambio. Desde hace unos años el periódico Granma tiene una sección semanal con cartas de los lectores donde te encuentras críticas a los burócratas, a las cosas que no funcionan o a los precios de los mercados. Pero atención, se hace énfasis en los mercados de los cuentapropistas.
 
Hasta ahora no he leído una crítica profunda a los precios de los mercados en pesos convertibles que tiene el Gobierno, que son abusivos. No se puede hablar tampoco de la legitimidad de nuestros gobernantes ni de la inviabilidad del sistema. He ahí dos grandes tabúes y, en tercer lugar, el tema de la represión política. Si narran un mitin de repudio, lo muestran como algo espontáneo de parte del pueblo, sin contar que detrás estaba la policía política organizándolo todo.
 
Miriam Celaya: Efectivamente hay cambios. El problema es que están los cambios reales y los nominales, y todos estos cambios son generalmente nominales. Ahora todos los cubanos se pueden hospedar en un hotel por ley, antes nos lo prohibían. Nunca antes explicaron por qué lo teníamos prohibido. Pero realmente un cubano, con estos salarios que hay, no puede permitirse el lujo de hospedarse en un hotel, ni puede comprarse un auto, una vivienda, ni puede viajar. El problema de las reformas es que son irreales para la gran mayoría de los cubanos. Son una inversión del Gobierno para comprar tiempo.
El problema de las reformas es que son irreales para la gran mayoría de los cubanos
Hay dos de esas reformas que son particularmente lesivas y discriminatorias para los cubanos. Una es la ley de inversiones extranjeras, que explícitamente es para los inversionistas extranjeros y no permite invertir a los cubanos, y la otra es un nuevo Código Laboral donde no se reconoce ni la autonomía, ni el derecho a huelga y donde se dice explícitamente que los trabajadores cubanos no se pueden contratar libremente en las potenciales empresas inversoras en Cuba, lo cual sigue constituyendo un freno y una mordaza bien fuerte.
 
Víctor Ariel González: Sí, las cosas están cambiando, pero nos preguntamos si realmente esos cambios ofrecen un horizonte más claro y por qué la gente se sigue yendo, incluso se va más que antes.
 
¿Jóvenes más apáticos?
 
Miriam Celaya: Es una reacción de rechazo a una saturación ideológica, a una sumisión que condicionaba casi cada acto de tu vida a una obediencia, a una subordinación política. Ya fuera coger una carrera universitaria, un puesto de trabajo o un aparato electrodoméstico, cualquier cosa. Todo era consigna, todo era barricada, Ahora esto ha pasado bastante, pero antes era imposible dar un paso sin oír Patria o Muerte, Venceremos y de que van van... Las verificaciones que hacían para saber si pertenecías a los Comités de Defensa de la Revolución... Los jóvenes de ahora no vivieron ese bombardeo del "enemigo que nos acosa". A mis hijos no los eduqué en eso, al contrario traté de desintoxicarlos. Así que esta generación que son los hijos de los padres del desencanto, crecieron desprovistos de eso y están en un plano más pragmático, hasta mercantil, cuya ilusión más grande es la de irse del país.
 
Economía
 
Eliécer Ávila: La ley para entregar tierras en usufructo a los campesinos era la apuesta fundamental para elevar la producción de alimentos y que bajaran los precios para que el salario promedio de un día de trabajo no fueran solo tres plátanos.
 
Yo vengo de los platanales de El Yarey de Vázquez, en Puerto Padre, Las Tunas. Los alimentos son hoy el punto más álgido del encabronamiento colectivo. En enero del año pasado, la libra de cebolla estaba a 8 pesos, entre marzo y abril se puso a 15. En mayo llegó a 25 y actualmente está desaparecida de los barrios con bajos ingresos y solo aparece en ciertos barrios, como Miramar a cinco pesos convertibles unas diez cebollas, o sea es más cara que en París, con unos salarios que como promedio todavía no sobrepasan los 20 CUC mensuales.
Los alimentos son hoy el punto más álgido del encabronamiento colectivo
Conozco muy pocos campesinos que tengan apenas una bicicleta. Sin embargo, cualquier muchacho joven que ingrese a la Seguridad el Estado en cuestión de nada anda montado en una moto marca Suzuki.
 
Embargo
 
Yoani Sánchez: Cuando se habla del fin del embargo, se está hablando de un paso que tiene que dar la Casa Blanca, y a mí no me gusta proyectar mi país con lo que va a pasar en la Casa Blanca. Lastima mi orgullo cubano, eso de poner los planes de mi futuro, el de mis hijos y el de la redacción de 14ymedio en función de lo que va a hacer Obama. Yo estoy concentrada en qué va a hacer la Plaza de la Revolución y lo que va a hacer la sociedad civil aquí. Por eso no apuesto por el fin del embargo como la solución. Yo quiero ver cuándo tendremos libertad de expresión, libertad de asociación y cuándo van a quitarle la camisa de fuerza a la libertad económica en este país.
 
Miriam Celaya: Las razones por las que se estableció el embargo siguen vigentes, que fueron la confiscación de propiedades norteamericanas en Cuba sin ser debidamente indemnizadas. Que después esa política, por tanto tiempo en el candelero, se haya convertido en una herramienta para dar jalones de un lado y otro, es otra cosa. Pero los que hoy peinamos canas, recordamos que en los años 70 y 80 estábamos bajo el protectorado soviético. Porque aquí se habla mucho de soberanía, pero Cuba jamás ha sido soberana. En aquel momento los subsidios soviéticos eran enormes y entonces apenas se hablaba del bloqueo. Rara vez, en alguna efeméride se mencionaba. Fidel Castro se burlaba públicamente del bloqueo en todas las tribunas.
 
Reinaldo Escobar: A mí me prometieron que íbamos a tener un futuro luminoso a pesar del bloqueo y que eso se debía entre otras cosas a que la nación había recuperado sus riquezas, confiscándoselas a los norteamericanos. De manera que lo que iba a traer ese futuro fue lo que lo retrasó.
Un levantamiento unilateral e incondicional del embargo conlleva un riesgo superior a los beneficios que supuestamente nos daría
Miriam Celaya: El tema del embargo sigue siendo un comodín del Gobierno cubano, que si ahora tiene las perretas que tiene con él es porque necesita desesperadamente que se levante, especialmente por el tema de las inversiones extranjeras. Yo soy en principio anti embargo, pero no dejo de reconocer que un levantamiento unilateral e incondicional conlleva un riesgo superior a los beneficios que supuestamente nos daría.
 
Víctor Ariel González: La justificación oficial dice que como somos un país bloqueado entonces tenemos la Ley Mordaza. Porque estamos asediados y "en una plaza sitiada, la disidencia es traición". Hay los que creen que si se levanta el embargo se les acabaría esa justificación. Pero hay que decir que este sistema ha sido muy efectivo en acabar con los mecanismos para analizar públicamente el embargo, ha acabado con las instituciones independientes. Entonces, ¿cómo la gente podrá canalizar el descontento y la inconformidad con el mantenimiento de la represión el día después de levantar el embargo?
 
Reinaldo Escobar: Tendrán otro argumento para mantener la represión cuando se levante el embargo. Anótalo, que "esto va a prueba" como dicen por aquí: "Ahora que los norteamericanos tienen la posibilidad de entrar a Cuba con mayor libertad, ahora que ellos pueden comprar empresas y se acabó el embargo, ahora sí tenemos que cuidar la Revolución". Ese será el argumento.
 
Represión
 
Yoani Sánchez: En este país la gente tiene mucho miedo. Incluso no sabe que tiene miedo, porque ha vivido tanto tiempo con él que no sabe que eso se llama "miedo". Miedo a la delación, al informe, a no poder salir del país, a que le nieguen ascender a un mejor puesto laboral, a subir a un avión, a que un hijo no puede entrar a la universidad, porque "la universidad es para los revolucionarios". Los miedos son tantos y tan vastos que el cubano de hoy tiene el miedo en su genética.
Los miedos son tantos y tan vastos que el cubano de hoy tiene el miedo en su genética
Eliécer Ávila: También hay que entender de qué viven los cubanos. El 90% de los cubanos trabaja no donde su vocación lo ha llevado, sino donde puede "luchar" o "tener búsqueda". Aquí ser un doctor en ciencias sociales, es realmente ser el "pajuato" de la familia. El tipo que no puede celebrarle los quinces a la hija, que no puede llevar a un restaurante nunca a su familia. El individuo exitoso en esta sociedad es el administrador de una cafetería del Estado. Porque es el que tiene bajo su control la caja de pollo, el aceite, el arroz, y lo vende por fuera y de eso vive. La táctica fundamental para lograr la inmovilidad social es hacerle sentir a la mayor cantidad de personas posible, culpables de algo.
 
Trabajo por cuenta propia
 
Eliécer Ávila: La gente piensa que ahora está el cuentapropismo y por lo tanto hay una vía para ser más independiente del Estado, cosa que es verdad. ¿Pero cómo se sostiene un negocio cuentapropista? Yo tuve que dejar mi negocio de venta de frozen, después de ser graduado de ingeniería informática, me mandaron para un monte un poco como castigo por haber tenido un incidente con Ricardo Alarcón, el entonces presidente de la Asamblea Nacional. Fue un punto de inflexión e intenté ser de los primeros cuentapropistas que hubo en mi pueblo. Tenía un aparato de hacer helados de 1967, alemán. Eso lleva once productos, entre ellos coagulante, que se lo tenía que robar alguien de la fábrica de helado. O mejor dicho, recuperar, porque aquí no le decimos "robo" a eso. La leche, tenía que robársela alguien del círculo infantil de los niños o del hospital, para vendérmela. El asunto es que no se puede hacer de otra manera.
 
Todo esos negocios que están floreciendo están sustentados en la ilegalidad.
 
Yoani Sánchez: ... O en el capital que viene escondido desde el extranjero, especialmente desde el exilio. Hay restaurantes en La Habana que podrían estar en New York o en Berlín, pero esos han recibido dinero foráneo o es "lavado de dinero" de la corrupción y de la propia cúpula.
 
Eliécer Ávila: Muchas de estos negocios son para que el Gobierno meta a sus hijos, nietos y amigos que ya no quieren saber nada de la fabricación del hombre nuevo ni de llegar a la sociedad comunista, sino que quieren blanquear su capital e insertarse en la sociedad como cualquier otra persona.
 
No conozco ningún trabajador comunista en Cuba que haya podido emprender un negocio. Ese sector revolucionario, comprometido, que lo entregó todo, hoy son las personas que no tienen cebollas para cocinar.
 
Yoani Sánchez: El cuentapropismo se ha presentado como uno de los grandes indicadores de las "reformas" o los cambios raulistas. Pero en el tema del cuentapropismo hay muchas cosas que no se cuentan: no tienen acceso al mercado mayorista, no pueden importar materia prima ni exportar directamente sus productos. De ahí lo molestos que estamos todos los cubanos con las restricciones aduaneras que entraron en vigor en septiembre. El Gobierno se justifica diciendo que "ese tipo de legislación la tienen todos los países", pero en esos países existe una ley de importación comercial.
 
Miriam Celaya: Hicieron una regulación especial para los inversores extranjeros, para que puedan importar, pero no para los cubanos.
Nuestra economía se atrasa cada día más al no tener la población acceso a Internet
Yoani Sánchez: Otro tema también que afecta mucho a la economía es la desconexión de Internet. No estamos hablando solamente de libertad de expresión y de información, o de que 14ymedio pueda leerse dentro de Cuba, sino que nuestra economía se atrasa cada día más al no tener la población acceso a Internet.
 
Luzbely Escobar: No solamente eso: sólo están autorizadas en el cuentapropismo las ocupaciones estás de vender o producir, pero los profesionales no pueden sumarse a ese sector con sus capacidades. No puedes ser abogado, arquitecto o periodista por cuenta propia.
 
Miriam Celaya: Se creó un gran cuerpo administrativo para controlar a los cuentapropistas y resulta que está lleno de corruptos, que se la pasan encima de estos trabajadores para esquilmarlos y sacarles sus ganancias. Algunos de ellos me cuentan que hay hasta precios fijos para el soborno a los inspectores. Aquí hasta la corrupción está institucionalizada y tarifada.
 
Eliécer Ávila: Aquí, por cada uno que quiere levantar cabeza hay diez que se la quieren cortar. Se habla mucho de eliminar los intermediarios, pero el gran intermediario es el propio Estado, que le compra la libra de frijol negro –por ejemplo– a 1.80 pesos al campesino y la vende a 12 pesos como mínimo.
 
Editoriales de The New York Times
 
Eliécer Ávila: Sería un gran favor a la nación que, con esa misma influencia con que esos editoriales intentan impactar el debate mundial sobre un tema, trataran de arrojar luz sobre otros temas que son tabúes y van directo al corazón de lo que necesitamos como nación.
 
Miriam Celaya: Yo tengo una idea. Más que hacer gestos sobre la liberación de Alan Gross, más que hacer gestos sobre flexibilizar el embargo, creo que el gesto más fuerte y más claro que podría hacer el Gobierno cubano es liberar la opinión pública, liberar la circulación de ideas. Que finalmente se manifieste el ciudadano, que eso aquí no ocurre.
 
Reinaldo Escobar: Sin libertad no hay participación ciudadana.
 
Miriam Celaya: ¿Qué pasa con estos editoriales? Se sigue privilegiando una visión tergiversada, sesgada y hecha con verdades a medias y mentiras sobre lo que es la realidad cubana. Se sigue privilegiando a partir de lo que dice un gobierno y un gobierno no es Cuba. El Gobierno de Cuba es hoy un grupúsculo de viejos y cuando digo "viejos" es porque son de pensamiento viejo, de personas que se han quedado anclados en el discurso de la guerra fría y de la beligerancia. Los cubanos no estamos representados en ese gobierno.
 
Yoani Sánchez: Leí los editoriales en su momento pero anoche volví a leerlos con más calma. El primer editorial es quizás el más afortunado, porque logra un balance de una parte y de otra, pero hay algunos que me parecen realmente lamentables. Como el de la "fuga de cerebros", porque esos profesionales de la medicina están viviendo un drama en este país que no está recogido en ese texto.
Algunos editoriales me parecen realmente lamentables, como el de la “fuga de cerebros”
Primero, estoy en contra del concepto de robo o fuga de cerebro, porque es aceptar que tu cerebro pertenece a alguien, a la nación, a la estructura educativa o a quien te formó. Creo que cada cual debe decidir dónde colocar su cerebro.
 
En ese editorial no se le da espacio al drama económico que viven esos profesionales en Cuba. Conozco cirujanos que quizás estén entre los mejores de su espacialidad en Latinoamérica y no pueden cruzar los pies porque el que está al lado se daría cuenta de que tienen los zapatos rotos, o tienen que ir a operar sin desayunar porque no les alcanza para un desayuno.
 
Miriam Celaya: Hay algo en ese editorial que me lacera y ofende, y es ese deje de condescendencia, por ejemplo en esta cita: "La Habana podría pagarle a su personal en el exterior de manera más generosa, si las brigadas médicas van a seguir representando una importante fuente de ingresos"... Pero señores, eso es aceptar la esclavitud de esos médicos. Eso es legitimar un supuesto derecho que tiene un gobierno a utilizar su personal médico como esclavos de alquiler. ¿Cómo es posible?
 
Yoani Sánchez: Sobre esas misiones médicas, debo decir que el carácter humano nadie puede cuestionarlo, cuando se trata de salvar vidas. Pero hay una parte política y es que esas personas son utilizadas como una especie de diplomacia médica, para ganar adeptos, y por eso tantos países votan en Naciones Unidas a favor del Gobierno de Cuba, que tiene prácticamente secuestrados a muchos países porque tienen médicos cubanos en su territorio. Se convierte en un elemento de clientelismo político.
 
Otro aspecto es el económico, que empuja al médico a salir porque ve el atractivo de tener un mejor salario, poder importar electrodomésticos, cazuelas para el hogar, una computadora. Además recibe cada mes en una cuenta bancaria una cantidad de pesos convertibles, que solo obtendrá si regresa y no deserta. Desde el punto de vista laboral y ético eso es muy cuestionable.
 
Otra cuestión es el impacto negativo que eso tiene sobre el sistema de salud pública cubano.
 
Luzbely Escobar: Vas a una consulta y está cerrada, o de los tres médicos de guardia sólo hay uno porque los otros dos están en Venezuela, y entonces hay un caos total.
Dentro de la oposición es cierto que hay charlatanes, pero hay muchas personas honestas que están trabajando con mucha fe por una Cuba mejor
Miriam Celaya: En estos editoriales he leído "Cuba" en lugar de "Gobierno cubano", y he leído que los miembros de "la disidencia" eran considerados como "charlatanes". Esas definiciones, además de irrespetuosas, meten en un gran saco a todo el mundo. Aquí, como en todas partes, la sociedad es compleja y dentro de la oposición es cierto que hay charlatanes –dentro del gobierno también–, pero hay muchas personas honestas que están trabajando con mucha fe por una Cuba mejor. Con muchísimo sacrificio y riesgo.
 
Cuando se demoniza, entonces me parece que se está hablando el lenguaje del gobierno, como si hubiese escrito esto en una sala del Comité Central del Partido y no en una sala de redacción de un país del mundo libre. Ese tipo de epítetos viniendo de medios prestigiosos termina por crear opinión. Eso es una gran responsabilidad.
 
Discrepancia
 
Yoani Sánchez: En este país se ha confundido la nación con el gobierno, la patria con un partido y el país con un hombre. Entonces ese hombre, ese partido y ese gobierno se han tomado el derecho de decidir en nombre de todos si se siembra tomate o ají cachucha y qué línea ideológica va a seguir toda la nación.
En consecuencia, los que tenemos ideas diferentes a las de ese partido, ese gobierno y ese hombre en el poder, somos decretados "apátridas" o "anticubanos" y se nos quiere alinear con una potencia extranjera. Es como si ahora, que está gobernando en Estados Unidos el partido demócrata, todos los republicanos fueran decretados anti estadounidenses. Este es, como todos los países del mundo, plural. Si caminas por la calle, te vas a encontrar con todo tipo de gente: anarquista, liberal, socialdemócrata, demócrata cristiana y hasta anexionista. ¿Por qué ese discurso tan plural no puede expresarse de una manera legal? Y por qué gente como nosotros tiene que estar excluida de decir y opinar