lunes, 12 de septiembre de 2016

EL SOBERANO ES EL CIUDADANO

por faisel iglesias

(Fragmento de de un libro con el mismo titulo, disponible en Amazon)
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Como resultado, la conciencia jurídica de nuestro tiempo, los sistemas jurídicos de los diferentes estados y el orden internacional vigente son inconsecuentes con una nueva era que dota a cada hombre de la información necesaria, para que actúe sabia y responsablemente en la solución de los problemas de un mundo contingente y fortuito. Rousseau, en momentos de frustración decía que “el hombre ha nacido libre, y en todas partes lo hayamos prisionero”[1]  y José Martí expresó en versos:

Todo es cárcel
                                                                       En esta tierra.

El aparato del estado, los partidos políticos, las doctrinas tienen los instrumentos jurídicos que les permiten sustituir al hombre. Más decía José Martí en 1886:

…“el primer trabajo del hombre es reconquistarse… Sin libertad, como sin aire, nada vive. Cuanto sin ella se hace es imperfecto y, mientras en mayor grado se le goce, con más flor y más frutos vive. La libertad es consustancial a la naturaleza humana.  Por tanto es escudo para los hombres y para los pueblos. Nace con fuerza avasalladora en los pechos de los hombres. Y cuando el hombre la pierde conoce la hondura del infierno. Se muerde el aire, como muerde una hiena el hierro de su jaula. Se retuerce el espíritu en el cuerpo como un envenenado. Los que tienen  ¡oh, libertad!, no te conocen. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino conquistarte.”[2]

No se trata del acto extraordinario de imponerse a los otros hombres, de ser el encargado de iluminar a los demás. Se trata del derecho y el deber natural de cada ser humano de defender su individualidad, su espiritualidad. “Ni originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras no se asegure la libertad espiritual… Porque la primera libertad, base de todas, es la mente.” Y realizarse, además, en armonía con la sociedad - esa que no es la colectividad abstracta, sino la suma de los individuos-, porque el hombre es un ser social.
 Hace casi cuatrocientos años, Miguel de Cervantes y Saavedra en unos versos del nivel de su prosa expresó:
Y he de llevar mi libertad en peso

Sobre los propios hombros de mi gusto

“¡La libertad  en peso!" - lo que hace suponer que causa alguna pesadumbre - es algo que brota de uno mismo, complace y a la vez cuesta trabajo y exige responsabilidad. En el fondo se trata de la verdad como autenticidad. No la del decir ni la del pensar, sino la verdad de la vida, esa coincidencia de consigo mismo y la naturaleza. Cuando el hombre no sostiene su libertad se miente a sí mismo.

Establecer la  propia libertad como principio ético supremo, implica que el hombre se autoerija en Dios, como refleja la antigua sabiduría clásica con el mito de Prometeo, o como describe el primer libro de la Biblia el pecado original de los ancestros de la humanidad: “se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal” Genes 3,4, donde conocer equivale a generar.

…”sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda a dudar  de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común. Para ejercer su libertad, el hombre debe superar, por tanto el horizonte del relativismo y  conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más intimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se ha dado a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien, a huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido. Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con  la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta las bases de sus derechos y sus deberes fundamentales, y, por tanto,  en el último análisis de la convivencia justa y pacífica entre las personas. // … La justicia, en efecto, no es una  simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano.. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor”[3]

Confundir las voces con los ecos, sostener silencios en apariencias de decoro es contribuir a la desorientación de los que quizás no tengan recursos para descubrirse a sí mismos.  Sin dudas, es necesaria una dosis de clarividencia, de sinceridad con uno mismo, de decencia, una capacidad de distinguir, de discernir que no es universal. La salvación está en nosotros mismos, recordemos el verso de Cervantes:
“Tú mismo te has forjado tu ventura”
Ignacio Agramonte, imbuido del legado de la Revolución Francesa y de las doctrinas del constitucionalismo norteamericano, ante sus profesores en la Escuela de Derecho de la Universidad de la Habana, ya en 1862, dijo:
“el individuo mismo es el guardián y soberano de sus intereses, de su salud física y moral; la sociedad no debe mezclarse en la conducta humana, mientras no dañe a los demás miembros de ella. Funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella... Que la sociedad garantice su propiedad y seguridad personal son también derechos del individuo, creados por el mero hecho de vivir en sociedad.”
“La centralización hace desaparecer ese individualismo, cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad... se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción, destruyendo la libertad, sujetando a reglamentos sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas. El Estado que llegue a realizar esa alianza (del orden con la libertad) será modelo de las sociedades y dará por resultado la felicidad suya, y en particular de cada uno de sus miembros; la luz de la civilización brillará en él en todo su esplendor.”

“Por el contrario, el gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual, y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan solo en la fuerza; ya el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano, cuando los hombres, conociendo sus derechos violados, se propongan a reivindicarlos, oirá el estruendo del cañón anunciarle que cesó su letal dominación”
La interioridad del hombre, su espiritualidad, su conciencia es sagrada. Violársela sería mutilarlo en plena vida. Al hombre no se le puede conducir por cánones, doctrinas, ideologías hacia un fin predeterminado, aunque este sea el bien intencionado camino de la sociedad ideal, porque sería convertirlo en un instrumento. En la posmodernidad el hombre necesita la plenitud de su individualidad, el afianzamiento de su capacidad de discernimiento, ante la avalancha de información y tendenciosidad, que con inmediatez nos lanzan los medios de comunicación. No es el tiempo de un modo de ser o aparentar, de una moda, expresión de cierta clase o distingo, ejerza su imperio. En la posmodernidad no se matan las ideas, circulan, se enriquecen. Cuando se combaten las ideas, unas mueren y otras brotan averiadas, y los pueblos se pueden quedar sin ideas “al borde del abismo.”

Es la era en que cada individuo refleje su propia individualidad. En la posmodernidad no impera una idea, una moda, sino que circula la información, reina la individualidad a plenitud y a partir de ella la donación, las concertaciones, la socialización, la trascendencia.
El Santo Padre Juan Pablo II, en su mensaje a la Jornada Mundial de la Paz, celebrada el 1 de enero de 1997, expresaba…”No se puede permanecer prisionero del pasado: es necesaria, para cada uno y para los pueblos una especie de “purificación de la memoria”, a fin de que los males del pasado no vuelvan a producirse más”.

No se trata de olvidar el pasado -todo lo contrario- sino de releerlo a la luz de las nuevas circunstancias, juzgarlo con los valores de la nueva era, con sentimientos nuevos, aprendiendo precisamente de las experiencias sufridas. Sólo el amor construye.

 El Padre José Conrado Rodríguez, ex párroco de Palma Soriano, en entrevista concedida al periodista José Alfonso Almora, del Canal 23 de Miami y publicada en la revista Ideal no. 276, decía:

  “Nosotros somos un pueblo herido por las divisiones y la violencia, por la desconfianza, por la sospecha. Nos hemos refugiado tantas veces detrás de la máscara del temor, porque el temor nos ha hecho fabricar muchas máscaras… Necesitamos alguien que nos convoque en nombre del amor. Nosotros vivimos prisioneros del pasado, prisioneros de nuestros odios y nuestros miedos, desconfiando unos de los otros, los de la isla de los de afuera, los de afuera de los de adentro de la isla… Necesitamos a alguien que nos mire a los ojos y nos diga: levántate y echa a andar”…

Es imprescindible generar confianza, discutir contenidos, inventar el futuro, articular estrategias, promover fuentes de acción, aprovechar los momentos de verdad (las verdades no son eternas), reconocer con sinceridad, mantener la atención, crear conciencia (en virtud de conocimientos), obtener pequeños resultados para lograr grandes cosas y cerrar con el pasado.

El instrumento para llevar a cabo una agenda de cambios coherentes es la eficacia del discurso. Una realidad  nueva exige novedad en el lenguaje. Cada momento histórico necesita su propio discurso ideo- estético. La clave para crear una nueva realidad descansa en comunicar compromisos y hacerlos realidad palpable.

El caudillismo – cáncer de nuestra historia- nos hace ver a nuestra propia tendencia como la única salvadora, convirtiéndonos en adversarios de nuestros compañeros. No marcha sin tropiezos quien en vez de mirar al frente pone los ojos por sobre los hombros. No tiene futuro el proyecto político que pretenda evitar algo, en vez de vislumbrar el porvenir. “Es necesario todavía hacer “una revolución contra las revoluciones. El levantamiento de todos los hombres pacíficos -soldados solamente una vez- para que ellos, ni nadie, vuelvan a serlo jamás”, avizoró el apóstol José Martí.

Hay gente que no entiende. Otros, entienden pero callan. Los peores son los que, entendiendo, tergiversan. La soberanía no es la independencia. Es otra cosa. Es algo más… Es un estado mental. Y como tal, trasciende partidos, tribus y caciques. Porque en realidad, la soberanía es un rechazo a la dependencia.

Pensar en soberano no es fácil. Más de cinco siglos de subordinación han atornillado sus raíces en el consciente y el subconsciente colectivo puertorriqueño… Nuestro sistema escolar es un calco del vetusto embeleco centralizado… lo triste es que lo preservamos para solventar nuestro caciquismo crónico. Instituir juntas locales de educación electas por los ciudadanos, que velen de cerca al cabro y a las lechugas. Secar el pantano burocrático donde nadie rinde cuentas…

Pensar en soberano no es de populares[4], ni de independentistas[5], ni de estadistas[6]. Un estadista radical puede ser soberano, si rechaza ser un estado servil y mendigo, sin esperanza de desarrollo propio. Un independentista que fomenta la debacle a ver si le cae su turno en el poder, socava sus propias posibilidades de desarrollo económico soberano.[7]

A penas dos meses de haberse publicado la obra “Por una nueva lectura al concepto de soberanía”, por la editorial Publicaciones Puertorriqueñas y de haberse presentado la ponencia “Por una nueva concepción del estado y el derecho cubanos”, en el Congreso Mundial de Elites y Jefes de Estado, en junio de 2015, en la Universidad de Salamanca, España, donde se expuso la tesis de la soberanía del ciudadano, ya el nuevo concepto ha calado en las nuevas generaciones que luchan dentro de Cuba en contra el régimen totalitarios de los Castros y en agosto de 2015, en San Juan, Puerto Rico los participantes en el Primer Encuentro Nacional Cubano consagraron como su primer Acuerdo “Trabajar en la campaña por un plebiscito vinculante en favor de las elecciones libres, justas y plurales, bajo condiciones democráticas, que garanticen la soberanía de los ciudadanos.



[1] Jean-Jacques Rousseau. El contrato Social. Ediciones Mesta. Madrid, España. 2001. Pág. 25
[2]  Roberto D Agramonte. Martí. Ob. Cit.. Pág. 83.
[3] Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la XLV Jornada Mundial de la Paz (1-1-2012), nn 3 y 4, en www.vatican.va.
[4] Pertenecientes al Partido Popular Democrático de Puerto Rico, que defienden el estatus colonial de la Isla, como un territorio no incorporado a loa Estados Unidos.
[5] Pertenecientes al Partido Independentista de Puerto Rico, que abogan por la independencia de Puerto Rico y por sumarse al consiento de países latinoamericanos.
[6] Los que aspiran a que Puerto Rico se integre a los Estados Unidos como un estado más de la unión federal.
[7] Torrech San Inocencio Rafael. Pensar en soberano. Periódico el Nuevo Día. Viernes 18 de septiembre de 2015.
[8] Bebida de fabricación clandestina en las zonas rurales de Puerto Rico, de alto contenido de alcohol.
[9] Carmen Dolores Hernández. Cimarronaje. publicado en el periódico el Nuevo Día,  San Juan, Puerto Rico. sábado 28 de septiembre de 2013,
[10] Vicente Aleixandre. Poema en la plaza. De historias del corazón. Editorial Esppasa-Calpe.
[11] Enrique José Varona. Periódico El Fígaro. 3 de junio de 1902.

viernes, 19 de agosto de 2016


PARTIDO COMUNISTA: VANGUARDIA Y RETAGUARDIA
por faisel iglesias

La existencia de un solo partido, significa, por lógica,  vanguardia y al mismo tiempo la retaguardia de la sociedad. Los bolcheviques rusos insistían en destruir el viejo Estado y construir otro que persiguiera una sociedad sin Estado y sin derecho; la sociedad comunista. Alegaban además, que el camino para arribar a esa nueva sociedad era la dictadura; la dictadura de la clase obrera (en un país feudal, sin obreros, en pleno siglo XX). Una dictadura que paradójicamente llamaban democrática, en virtud de una logomaquia, que denominaban “centralismo  democrático”, de mando único y vertical, de la clase obrera, en alianza con los campesinos pobres, a quienes empobrecieron aun mas quitándoles las tierras, para formar las improductivas granjas estatales y crear una nueva clase obrera, sin fabricas, en los campos, dependiente del Estado y organizada en un partido único, el Partido Comunista, que se  fundamentaba  en una ideología política que se consideraba la verdad del mundo, contra el capital y su clase privilegiada; la burguesía. Un partido único que por la ausencia de competidores, por la lógica formal de Platón, no podía ser otra cosa que la vanguardia y al mismo tiempo, la retaguardia de esa sociedad. Alegaban pretender la sociedad comunista, sin estado, paradójicamente fortaleciendo el estado socialista, la dictadura socialista, en virtud de un régimen totalitario. Como si alguna lógica pudiera justificar el hecho de que fortaleciendo el estado, al punto de hacerlo un estado totalitario, se pueda lograr una sociedad sin estado. Es decir, como si echando agua a un embase no se persiguiera construir un lago, sino un cayo.

En definitiva el marxismo-leninismo no tenía otro fin que utilizar el poder de una ideología, de las ideas para despojar al hombre de su propia cabeza, para aniquilar al hombre. Todo el andamiaje teórico del llamado socialismo real sucumbe ante sus propias contradicciones. Su falta de visión, su incapacidad para comprender la historia, su idealismo, su voluntarismo revolucionario, su perversidad, su propósito de convertirlo todo en un instrumento del poder significó uno de los regímenes más crueles e incapaces que ha conocido la humanidad.

 El Partido, expresión de una ideología, de una doctrina, en este caso el marxismo-leninismo, que se consideraba la verdad del universo, la vanguardia organizada, se atribuye el derecho de aplastar “a los enemigos de clases” deshumanizándolos, negándoles el derecho a dirigirse por sus propias cabezas, rebajándolos a la condición de “gusanos”, “bacterias”, como lo hizo su otro extremo ideológico: los nazis.

Tal aberración jurídica de erigir en Soberano a un Partido Político  está consagrada hoy en Cuba, en el Artículo 5 de la mal llamada  Constitución Socialista de la Republica de Cuba.  Se trata de fundir todos los ámbitos en un solo bloque monolítico e imponer una dirección común, desde la economía hasta la política y la cultura, mediante una sola institución, el Partido.

El castrismo, instrumento que institucionalizó esa forma arcaica y foránea de gobierno en la isla de Cuba, ha reducido al individuo a una dependencia infantil, donde el padre de todos los cubanos, como lo calificara el propio Raúl Castro, no solo es el jefe del Estado, el líder del Partido, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el líder de la Revolución, sino la inteligencia de la Nación, la dignidad de Patria, el mejor intérprete de la historia, el infalible. Se trata de una dependencia además, primitiva, donde todos los deberes y derechos emanan de su personalidad (el soberano), que acaba por cercenar la capacidad de pensar del ser humano. Ha hecho desaparecer la concepción republicana del estado, el derecho ha sido rebajado a la condición de mero instrumento del poder político coyuntural, donde a los seres humanos les resulta imposible el ejercicio de sí mismo.

“El régimen político se ha impregnado de un erotismo de la vida familiar, como diría Freud. Es decir, de íntimos afectos y emociones que mantienen relativamente unido al país como si fuera una familia nacional, encabezada por un padre que ejerce autoridad a la vez que inspira y recibe afecto ampliamente.”[1],  Es además un férreo poder que se sostiene por la fuerza, por el miedo. Si no vas a los mítines y aplaudes al tirano, pierdes el trabajo. Pierdes la universidad, porque “la universidad es para los revolucionarios.” Descaradamente, y para justificar la anulación del individuo, la destrucción de la célula fundamental de la sociedad, la familia, la propaganda castrista expresa que al Estado Socialista… al “integrar a todos es de esperarse que se acentué algo que es común en muchos países, a saber, una confusión entre los afectos públicos y los privados, invasiones frecuentes de lo intimo en lo público y de lo público en lo intimo”[2]...

La naturaleza totalitaria, dictatorial del régimen también la reconocen los ideólogos del castrismo, como si de otra religión se tratara. A tales efectos expresa el citado Héctor Meléndez: …“el sistema cubano es sui generis y complejo; es un sistema de alianzas, solidaridades, ideología, símbolos y distribución económica (debiera decir hambre como instrumento de control)[3] protegido por millones de personas (debiera decir, dirigido a millones de personas, a todo el pueblo)[4] capacitadas militarmente en grados diversos y unas fuerzas armadas de alta calidad.”[5]

En su visita la Asunción, Paraguay, en julio de 2015, el Papa Francisco expreso:

“No sirve una mirada ideológica. Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo”

“Fíjense en el siglo pasado, en qué terminaron las ideologías”, se preguntó el Papa Francisco. “En dictaduras, siempre en dictaduras, siempre”, respondió.

“Piensan por el pueblo pero no dejan pensar al pueblo”, añadió el Papa. “O como decía aquel agudo crítico de la ideología, cuando le dijeron: “si pero esta gente tienen buena voluntad y quiere hacer cosas por el pueblo”. Sí, sí, todo por el pueblo pero nada con el pueblo. Estas son las ideologías”, concluyó el Papa.



[1] Héctor Meléndez. El Partido-Estado en Cuba y otros ensayos sobre cultura y política de hoy. Ediciones Mágicas 2006. Publicaciones Puertorriqueñas, Inc. Rio Piedras, San Juan, Puerto Rico.
[2] Héctor Meléndez. Obra citada.
[3] El subrayado es nuestro)
[4] El subrayado es nuestro.
[5] Héctor Meléndez. Obra citada.

viernes, 1 de enero de 2016

EL BENNY

(fragmento de novela en proceso de edición)
 
         El arte es una mentira y el Benny era el arte. Aquello no podía ser un entierro. ¿Dónde estaba el muerto? La voz de El Benny se escuchaba cantándole al pueblo que lo vio nacer como nunca antes:
                                                
Santa Isabel de las Lajas, querida
Santa Isabel
 
      −Ya los días no son tan largos – me había dicho poco antes. Solo lo miré-. Se acortan- insistió -. Cuando era niño pensaba que eran eternos. Ahora el tiempo se me esfuma.
− Con los años lo que cambia es el sentimiento, la forma de ver las cosas – le repliqué.
      − Se nos pueden quedar las cuentas pendientes en cualquier momento, mi socio− añadió. No supe que contestarle. El Benny te apabullaba con sus argumentos con la misma intensidad que te maravillaba con su arte −. No sé, es una sensación de urgencia − continuó y se mojó las manos con ron, se las llevó a la cara, cerró los ojos y olió despacio. Después levantó trabajosamente aquellos párpados caídos, me miró con lejanía y exclamó: − ¡Qué bueno sabe ese ron! – y pidió que le alcanzaran su billetera. Extrajo dinero y mandó a comprar unas golosinas para la chiquillada que se paraba por la ventana del cuarto del hospital para mirar al Bárbaro del ritmo sobre su cama de enfermo −. Lo único que se pierde en la vida es lo que no se da, mi socio – me dijo y me pegó aquellos focos delirantes que eran sus ojos en el rostro y, antes que pudiera contestarle, continuó−. Hay quienes ves muy bien vestidos, inteligentes, afables, sobre sus pies y te equivocas: andan sobre dos patas. A veces han aprendido mucho de la gente. Pero nadie puede encontrar suficiente gracia en otro como para sentir su amistad si no está satisfecho consigo mismo y con su vida. Algunos ni patas tienen y se arrastran: son serpientes – y boto los ojos grandes y redondos, como un brujo -. Quizás cuando niños sus padres, sus amigos, se dieron cuenta y quisieron matar ese animal que anidaba en ellos y fue lo que les hizo pensar que de verdad lo eran. Desde entonces ese hombre comenzó andar con el animal y el animal con el hombre. Eso no es del todo malo, porque en nosotros hay un poco de una cosa y la otra. Y podemos ser incluso hasta felices. El problema aparece cuando somos muy inteligentes y nuestra humanidad no quiere vivir con esa fiera que llevamos en la sangre. Y, peor aún, cuando la fiera que tenemos dentro no quiere vivir con el hombre inteligente, afable, y se nos quiere salir y se nos sale. Podríamos estar hablando de esto la vida entera. Pero con ello no le vamos a resolver el problema al hombre ni al animal. Lo que nosotros digamos o pensemos no es más que eso. Todos tenemos más de una naturaleza. Más de una cara. No es raro. A veces buscas un amigo y te encuentras con una ¡cara de perro! Jajajajajajaja”. Y su risa quedó en el eco. “Así pues, siempre los hay...”, dijo, convencido, ante mi asombro. “¡Pero nosotros somos!”. Y comenzó a cantar:
                                                                Hay que vivir el momento feliz
Hay que gozar lo que puedas gozar
Porque sacando la cuenta en total
La vida es un instante y todo se va…
      −Vivir es quemarse, consumirse y aprovechar las cenizas –. Lo mire y sonreí −. Es arder por las dos puntas, mi socio − concluyó con naturalidad, parafraseando al poeta. Se sabía bardo.
 
                                                                  Lajas mi rincón querido
Pueblo donde yo nací
Lajas traigo para ti
Mis saludos más sinceros
Muchas veces pienso que el Benny era un suicida. Hay suicidas que nunca ponen las manos sobre sí. Nunca procuran una relación violenta con la muerte; todo lo contrario. Algunos, como El Benny, se pasan la vida echándoles flores a los demás. Pero es peculiar en ellos sentir en su corazón un germen comprometido, incierto, expuesto al peligro. Como si sus propias vidas no les pertenecieran. Procuran la perfección como un medio de disolución en los demás. Son suicidas porque ven la redención en la muerte. Esa actitud de entrega constante es su forma de extinguirse.
Y abro mi pecho entero
Igual que mi corazón
Al gritar con emoción, orgulloso
Soy lajero…
 
Frente a los muros blancos de aquellas blancas casas acostadas, cubiertas de flores, de las afueras de Santa Isabel de Las Lajas, adonde lo llevábamos a descansar por ultimas vez, la voz de El Benny se volvió por unos instantes cavernosa. El Bárbaro del Ritmo venía en hombros, como la vida en andas. Allí la tierra abierta lo esperaba para abrazarlo. Volvía al principio, al polvo.
Santa Isabel de las Lajas, querida
 Santa Isabel.
      coreaban y allá en las alturas de las mezzosopranos estallaban los metales, como relinchos de potros en la cima de una montaña.
     Siempre fuiste distinguida
Por tus actos tan sinceros,
       Lento, como deteniendo el tiempo, sin saber realmente qué llevaban dentro de aquellos maderos clavados, sin saber a ciencia cierta qué iban a enterrar, pasaba la multitud.  Y la música de la Banda Gigante, la  Tribu, como la llamaba El Benny, con su ritmo marcado por los instrumentos melódicos y, sobre ella, El Bárbaro cantando en versos a la manera de los glosadores medievales de la España mora.  Soneando dentro del patrón de la Clave. Todos a una sola voz y, sobre todas las voces, El Benny colocaba la suya, como la  única:
                                                       Santa Isabel de la Lajas, querida
Santa Isabel
 
“Este lugar siempre me ha resultado paradójico. Pareciera que al final el silencio se lo traga todo, que la cima de las cosas esta en el fondo, que no hay un lugar más alto que la tierra.”
Tus hijos son caballeros
Y tus mujeres activas.
 “Y escucho mi voz en los altoparlantes, en las victrolas. La siento en el corazón de la gente. Cantar desde lo innombrable. Cantar sin voz humana, como los aparecidos.  Cantar a todo cielo, como los pájaros. Desde lo profundo como las raíces. Desde ese fluido sutil, invisible, elástico, que escapa a toda ponderación. Cantar y que ese movimiento vibratorio transmita mi viva voz de muerto y llene los espacios con la canción que procura el beso y hace el amor. Otra cosa no supe hacer con mi vida. Otra cosa no sabré hacer con mi muerte.”
    
...

jueves, 3 de diciembre de 2015

JOSE MARTI Y EL FRACASO DEL PROYECTO LIBERTARIO DE LA NACION CUBANA

Poco tiempo después del Pacto del Zanjón – que más que paz fue encono, según José Martí -, cuando los cubanos debimos hacer una valoración crítica de la guerra en el propio escenario de los sacrificios supremos, el Capitán General Martínez Campos (“El Pacificador”), descubrió una transitoria válvula de escape a la crisis; el puente de plata para los adversarios políticos; el exilio.

José Martí, entonces futuro líder de la independencia y de la espiritualidad de la nación, la figura más relevante del periodo de transición del modernismo, que en América también significó la llegada de nuevos ideales artísticos, a quien Rubén Darío llamaba Maestro, apenas un niño en tiempos de la Guerra Grande, mientras más de doscientos cincuenta mil cubanos entregaron la vida a la causa por la independencia, periodo en que no había podido hacer más que tirarle una cáscara de naranja a un soldado español, por lo que había ido a la cárcel y escrito allí bellos versos y estremecedores relatos, andaba por el mundo cargado de nostalgia, soñando la patria - vivir por Cuba en cuerpo y alma no es lo mismo que sobrevivir en Cuba en carne viva! - con la fuerza de un creador divino, se lanzó, cargado de ideales a entrelazar las ramas de los pinos nuevos[1] con los viejos robles a fin de hacer la que él llamara “la guerra necesaria” por la independencia de Cuba.
Cuando Martí llegó a Estados Unidos se impresionó con el desarrollo económico y el sistema político existentes.  No hacía mucho que Edison había brindado una nueva luz al mundo con su lámpara eléctrica; Graham Bell había conseguido trasmitir la voz humana a través del espacio y de los mares. Sus habitantes eran hombres de diferentes razas, religiones, naciones, pero todos tenían un espíritu común vertebrado por un documento trascendental: la constitución norteamericana.  “En The Hour de Nueva York, del 10 de julio de 1880, expreso: “Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida [...] Nunca sentí sorpresa en ningún país del mundo que visité. Aquí quedé sorprendido [...]”[2]

Martí  vivió la mayor parte de su vida en New York, en momentos que la ciudad conformaba una nueva visión de  sociabilidad, de vida en común, donde el individuo era el protagonista, y a partir de su plenitud, su trascendencia. Fue el periodo más fecundo de su existencia. Allí José Martí escribió: “Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total, que es lo único que justifica el sacrificio a que se convida a todo un pueblo.”[3] “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, - o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños”[4] …“Que cada opinión esté representada en el gobierno… que no se vea obligada a ser la oposición … ni influir en el gobierno como enemiga obligada, y por residencia, sino de cerca, con su opinión diaria, y por derecho reconocido. Garantía para todos. Poder para todos.”[5]
Máximo Gómez, Generalísimo en Jefe del Ejercito Libertador, sin embargo, cree en la centralización del poder, sin que tenga cabida ninguna institución civil: “Acaso se puede citar una revolución en el mundo que no tenga un dictador”, exclamaba. “Martí, limítese Ud. a lo que digan las instrucciones, y lo demás, el general Maceo (Su Lugarteniente) hará lo que debe hacerse”, le ordenó al Delegado, cuando lo comisionó a procurar  el apoyo del Presidente de México.

Antonio Maceo, ya en campaña, procuró mantener alejada la tropa del verbo elocuente del que ya los soldados revolucionarios, reconocían como “El Presidente”, con el propósito de que no fueran convencidos por la lengua liberal del “Capitán Araña”, como despectivamente llamaban los caudillos al líder liberal.

José Martí, consiente de “que la tiranía es una misma en sus variables formas”[6], que el Gobierno debe ser la mayor reflexión sobre la imperfecta naturaleza humana”[7], viendo el sable en el puño de los militares y las órdenes brotando, como fallos inapelables, de sus discursos políticos, le había escrito a Máximo Gómez: “No se funda, General, un pueblo como se manda un campamento”[8]. Y más adelante escribió: “Gobierno no es, sino la dirección de las fuerzas nacionales de manera que la persona humana pueda cumplir dignamente sus fines.”[9] Y el 5 de mayo de 1895, catorce días antes de caer en combate dijo en tono herido al ver cómo Gómez y Maceo hablaban a solas, bajito, a sus espaldas: “va a caer la noche sobre Cuba”[10]

“Juntarse es la palabra de orden.” exhortó José Martí a los patriotas cubanos cuando los estaba convocando a la guerra de 1895. Juntarse es acercarse, arrimarse, acompañarse de alguien en el andar… Permite en consecuencia la autonomía de cada elemento. Por eso, el Partido Revolucionario Cubano, que fundara para organizar la “guerra necesaria”, estaba constituido por “clubes independientes.” Sin embargo, históricamente los lideres cubanos, desde Gómez y Mace hasta Fidel Castro, han interpretado la palabra “juntarse” del Maestro de modo restrictivo, significando solo una de sus acepciones: “unidad”. Según la real Academia de la Lengua Española, unidad significa propiedad de todo ser, en virtud de la cual no se puede dividirse. Singularidad en número.  Conformidad en la que solo hay un asunto. Lazo de unión en todo lo que ocurre. En consecuencia el “juntarse” de José Martí, no es la “unidad” que procuran y que tan bien le ha convenido a los sucesivos dictadores de la Perla de las Antillas.  La unidad que han procurado los revolucionarios cubanos no nos ha permitido alcanzar el proyecto libertario de José Martí. Significativamente los Padres Fundadores de la Constitución Norteamericana defendieron la diversidad y el derecho de las minorías a ser tratados igual y triunfaron. Martí creyó que la guerra era la paz del futuro. Desde el exilio veía la independencia de Cuba como el objetivo inmediato y los sacrificios de la guerra como un proceso de purificación, donde todas las miserias y conceptos equivocados serian sanadas. La unidad política de todos los elementos ignora el peligro de que cuando la “unidad” adquiere forma de gobierno, al presuponer un mando centralizado, obediencia ciega, el sometimiento a la idea única, limita contornos, fija posiciones dogmáticas, no admite discrepancias y, a fin de cuentas, elimina la palabra libertad, el respeto a la diversidad  y a las minorías.
La diversidad, por el contrario jamás define bordes, no completa las ideas, para siempre volver a ellas con nuevos bríos, porque es de pensamiento abierto. El respeto a las minoría significa darle a un elemento el valor del todo, oponerse a la dictadura de la mayoría, porque el bien supremo es la persona humana, su dignidad, su plenitud, no la el poder. De ahí el hecho trascendente de que los funcionarios publico en Norteamérica sean considerados meros “servidores públicos”, mientras en los países de la que Martí llamara Nuestra América, se les identifica con el “ejercicio del poder”

José Martí tenía un ideal, pero no tenía un sistema filosófico. Tener un ideario no significa tener un sistema de pensamiento, una clara concepción del estado y el derecho para una Cuba futura. Le faltó, además, el marco apropiado: un “pacto social”, propio de la Era Moderna, que se erigiera en asamblea constituyente para delinear y consagrar una clara concepción del estado y del derecho donde se consagraran, como ley primera, los derechos fundamentales del ciudadano y se establecieran las competencias de los órganos de gobierno, como si lo pudo hacer Ignacio Agramonte en Guáimaro. Y, en su defecto, se encontró en La Mejorana con un Máximo Gómez y un Antonio Maceo que pretendía un mando vertical a la revolución que andando el tiempo ha devenido en sucesivos gobiernos dictatoriales.
El día 16 de agosto de 2015, a la salida del Encuentro Nacional Cubano, en San Juan, Puerto Rico, donde la oposición interna al castrismo y el exilio se reunieron para trazar estrategia de luchas para el futuro, el joven escritor Orlando Luis Pardo Lazo, conociendo el borrador de esta obra me escribió:

“La historiadora Marial Iglesias se refiere a “[l]as múltiples y a menudo contrapuestas interpretaciones acumuladas a lo largo de casi cien años de esfuerzos hermenéuticos,” cuya sedimentación creó “la muralla infranqueable que separa al Martí autor/actor del lector/receptor de estos tiempos.”

“La imposibilidad de leer a Martí se origina entonces, primero que todo, en las diversas y contrapuestas lecturas de sus intérpretes. Santí pone el énfasis en la obra; Marial Iglesias en los lectores, invirtiendo así análisis del primero: la producción hermenéutica ha creado tantos Martí que ha vuelto imposible comprenderlo a cabalidad. O dicho de otra manera: la multiplicación de los lectores, y por supuesto de las lecturas, han alejado a Martí, volviéndolo inaccesible. Con lo cual la crítica crea su propia encerrona. Notemos que es solo después que la falta les es imputada a los lectores que aparece para ella el segundo problema, el que había comentado Santí:

Si se intenta salvar este obstáculo escapando de esa intrincada maraña discursiva al situarse en el contexto interior de la propia obra martiana, hay que enfrentar entonces una gran masa de textos de muy difícil temática y factura, unidos entre sí por un estilo esplendoroso, pero a menudo oscuro, lleno de metáforas crípticas, donde las fronteras de la prosa y la poesía se confunden. Haciendo política también con poesía, sus discursos y artículos políticos están plagados de metáforas tan vívidas y complejas que es casi una quimera dar con la clave última de su verbo (“José Martí”)”.

Y, horas después recibía otro email de Pardo Lazo:
              Hermano: ¿Conoces este libro del cubano Francisco Morán sobre una relectura radical de Martí?:

"En un artículo publicado en la revista Vuelta en 1986 Enrico Mario Santí mencionaba “el carácter ambiguo, literario y, por tanto, abierto, de la prosa de Martí,” y lo que según él, “explica, al menos en parte, el por qué su obra se lee, entre nosotros, un poco como la Biblia: es todo para todos. Fijémonos en que ese carácter ambiguo y literario parece clausurar las posibilidades de arribar a cualquier lectura conclusiva del texto martiano. El ejemplo de los Estados Unidos es revelador porque trae a la palestra el problema de los debates en torno a Martí: se lo usa como arma para atacar y defender a la nación norteamericana. Aquello que cierra las posibilidades interpretativas, las mantiene abiertas."

De modo que, una de las grandes virtudes de José Martí, paradójicamente puede haber sido una de las causas del fracaso de su proyecto libertario; su lenguaje poético. Es decir, el discurso político de José Martí está cargado de metáforas. Y la metáfora ilumina el camino, pero no hace el sendero.  
La historia cubana del desatino no comenzó, como ye hemos expresado, con José Martí. En Guáimaro, constituyente de la República en Armas, se procuró una forma de gobierno que en realidad era una copia de las instituciones europeas y norteamericanas, que no se ajustaban a las necesidades de un país donde el estado no surgió como un medio para organizar mejor la cosa pública, sino como instrumento de saqueo y dominación foránea. Lograda la independencia, la Constituyente de 1902, se realizó bajo la ocupación  norteamericana. Solo en 1940 se procuró una concepción del estado y el derecho con instituciones autóctonas, como el Tribunal de Cuentas, para combatir la corrupción, pero que en realidad fue letra muerta, entre otras cosas, porque convertía en norma, en dogma lo que debían ser principios constitucionales, por la rigidez de un cuerpo legal que reflejaba  instituciones propias de una ley orgánica, en vez de consagrar la flexibilidad, capaz de someterse a sucesivas interpretaciones históricas, como corresponde a una carta magna.

En consecuencia, se acumularon los conflictos sociales y en 1952 el dictador Fulgencio Batista rompió la institucionalidad con el golpe de estado del 10 de marzo. Por último el castrismo, copiando la concepción soviética del estado y del derecho, hizo consagrar una mal llamada constitución que en su Artículo 5 abdica su condición de ley suprema a favor del Partido Comunista (por tanto ya no es ley suprema y científicamente no es una constitución), lo que ha hecho que el estado, gobierno y sociedad sea dirigido por una doctrina que se ha creído la verdad del mundo.

Así las cosas, ni los revolucionarios, ni los políticos, ni los estadistas cubanos nunca han tenido una concepción autóctona de lo que debería ser el estado y el derecho cubanos. Este déficit de originalidad en el discurso histórico cubano, no solo se observa en cuanto a la concepción del estado y el derecho. Alexis Jardines, en su obra Filosofía Cubana in nuce, expresa:
“A pesar de que la versión oficial, presupone sin más, la existencia de un pensamiento filosófico bien definido, con su tradición, su historia y su originalidad, los historiadores de las ideas  son muy cuidadosos a la hora de hablar de “filosofía cubana”. Siguiendo a Medardo Vitier, la expresión habitual en estos casos es “la filosofía en Cuba.” Lo cual denota la estancia de la Filosofía entre nosotros. Si exceptuamos algún que otro artículo menor, como el de Waldo Ross – y puede verificarse el dato – todas las obras de historia de las ideas en Cuba que se centran en el tema de la filosofía cubana evitan, en sus títulos, el reconocimiento tácito de una filosofía cubana (a pesar de que no dudan en admitir su existencia toda vez que pasan al desenvolvimiento del contenido). La utilización del giro “la filosofía en Cuba” en vez de  “la filosofía cubana” hace patente  que de lo que se trata en realidad es de la recepción de la filosofía en Cuba y  nunca de una filosofía autóctona”… “de una filosofía cubana, en rigor, solo puede hablarse hacia la década de los 40 – 50 del siglo XX, justo el periodo más olvidado y subvalorado por nuestra historia filosófica”.[11]

Por tanto Cuba necesita, de cara al siglo XXI, un discurso ideo estético autóctono. Instituciones y aptitud intelectual que nos permita viabilizar la plenitud de cada ciudadano en particular ni de la sociedad en general. Es necesario estar a las alturas de la circunstancias. Ese es el reto para el siglo XXI.




[1] José Martí  llamo, en uno de sus discursos, pinos nuevos, a las nuevas generaciones de revolucionarios que lucharían por la independencia de Cuba contra el colonialismo español.
[2] José Martí, Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 19, p. 106 – 107
[3]  Roberto Agramonte. Ob. Cit.
[4] José Martí. Discurso pronunciado en la ciudad de Tampa, el día 26 de noviembre de 1891.
[5] José Martí. Fragmentos de apuntes. Nueva York (entre 1885 y 1895). Obras Completas. Tomo 22. Páginas 108 a 109
[6]  Carlos Ripoll. José Martí, Letras y huellas desconocidas. Peg. 97, Elise Torres & Sons. New York. 1976.
[7] Madison. Ensayo 51. El Federalista.
[8] José Martí. Carta al General Máximo Gómez de fecha 20 de octubre de 1884.
[9] José Martí. Artículo "La próxima exposición de New Orleans." La América. Nueva York, mayo de 1884. Tomo 8. Página 369.
[10]  Roberto D Agramonte. Martí y su concepción de la sociedad. Editorial de la Universidad de Puerto Rico. 1984. Tomo 2, Pág. 97.
[11] Alexis Jardines. Filosofia cubana in nuce. ensayo de historia intelectual. editorial colibri. madrid, espana. pag. 11-12.