miércoles, 7 de octubre de 2009

PARA LA CONVIVENCIA NACIONAL


Por el Lcdo. Juan José López

Fundador de la Corriente Agramontista


Al morir Fidel Castro el gobierno sucesor seguramente va a decretar ese día “Luto Nacional”. Quizás por setenta y dos horas o incluso convertirá el hecho en efeméride histórica, lo cual no podemos evitar. Ellos tienen el poder.
En Cuba lo ideal seria hacer un Panteón por todos los Caídos, sin esperar la muerte de nadie. Eso haría pensar a todos en los errores cometidos. Incluso haría reflexionar a los Castros, quienes en los últimos cincuenta años han manejado al país a su antojo.
La vida de Fidel Castro, esta llena de odios, ambición de poder, decisiones sangrientas, y destrucción general. Sin embargo, para sus seguidores, es un líder con todo lo que esto entraña. Se llega hasta hablar de "fidelismo" como ideología preferida, por encima hasta del mismísimo del marxismoleninismo.
Decretar “Luto Nacional” por un solo hombre, que por demás, durante su vida ha gobernado como si el país fuese la prolongación de su Yo, es injusto.

El gobierno sucesor debe considerar el dolor de todos. Todos los caídos merecen ser recordados.
Lo cierto es que Castro tiene seguidores. No podemos tapar el sol con un dedo. Aunque entre ellos haya un número que no sienta de veras lo que hacen. El hecho de seguirlo, de apoyarlo con el trabajo dentro del gobierno y las instituciones estatales que han garantizado su permanencia en el poder, iguala el fenómeno.
Los oponentes al fidelismo, entre los que me encuentro, debemos tener en cuenta la existencia de este grupo gubernamental, sus sentimientos y perspectiva pero, también debemos exigir el reconocimiento de nuestros muertos. La Patria es de todos.
En la propaganda impulsada por el oficialismo se denuncia al exilio cubano, sus organizaciones históricas, como hombres intolerantes y llenos de intenciones de venganza. Eso no es verdad. El dolor concentrado aquí en la diáspora, donde hay libertad para expresarlo, hace posible hacerlo y ha sido objeto de tergiversaciones. Por ello también se acusa a los exiliados de monopolistas del dolor, no siendo esto real.
Lo justo es un día convivir con las diferencias. Es duro en ambos lados la aceptación de la visión contraria. Los seguidores de Fidel Castro no aceptan el dolor de sus adversarios. Cuando ellos matan, creen haber dado muerte a sus enemigos de guerra, a quienes acusan de atentar contra la identidad nacional, al servicio de una potencia extranjera. Otra falsedad que omite la responsabilidad gubernamental de innumerables muertes, causadas incluso por misiones oficiales. Ellos también son victimas. Merecen luto.
Los oficialistas, también acusan a sus adversarios de excesos cometidos en el Escambray el avión de cubana derribado en Barbados, entre otros que dibujan una guerra infinita. Estos hechos hay que investigarlos y encarararlos con objetividad, por el valor de la verdad, por la justicia, para dejar de usarlo como argumento para anular a otros.
En realidad ha de ponerse fin a las acusaciones mutuas, esa mentalidad primitiva va a cumplir cincuenta y un años. Hay que detener el atrincheramiento de ideas y monopolios de dolory de la verdad. Los problemas nacionales son superiores al debate político actual. Los dolores patrios deben terminar.
Fíjense lo ocurrido al pobre Pánfilo, un hombre enfermo que dijo que en Cuba hay hambre y por eso lo llevaron a prisión. Menos mal que ha habido un intento de rectificación de ese hecho abominable. Es de esperar otros, como la liberación de poetas y escritores encarcelados por hablar y escribir, en la conocida primavera negra del 2003.
Los cristianos, civilización a la que pertenecemos, pueden entender el “Luto Nacional por Todos los muertos” o bien un "Panteón por todos los Caídos", hayan sido en confrontación, en la cárcel o en el mar. Un pueblo sin memoria es un pueblo indigno.
Si hoy no se construye ese panteón de los caídos, espero que la muerte de Fidel Castro sirva para iniciar el sendero de la reconciliación nacional. Su vida ha generado destrucción, ojala que su desaparición sirva a la paz nacional.

martes, 29 de septiembre de 2009

PATRICIA IGLESIAS


La cantante cubana de la orquesta Compostela - la mas vieja de Galiacia, con mas de 90 anos de vida artistica -, Patricia Iglesias, está ilusionada con la llegada de su primer hijo, que espera para mediados de diciembre. Porque ya sabe que será un varón. Y santiagués, o sea, de Santiago de Compostela. No santiaguero, ni santiaguino, que es como se llama a los naturales de Santiago de Cuba y Santiago de Chile. Seguro que le dará por la música, por lo bien que canta su madre y porque su padre, el también cubano Elier Chapel, es, asimismo, un excelente vocalista, actualmente en las filas de la orquesta Pasarela.

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL MILAGRO DE LA MUSICA CUBANA

Los historiadores y musicologos siempre han expresado que el fenomeno singular de la musica cubana es el resultado del encuentro del blanco y el negro. Sin embargo ese es un hecho historico que se ha repetido, por siglos, en muchas partes del mundo. Estados Unidos, Brasil, Colombia, Puerto Rico, paises que cuentan con una vigorosa musica, apenas tienen doce, catorce, quince ritmos. Los especialistas reconocen la existencia de mas 33 en la mas grande de las Antillas.

Ser el primer productor de azucar, cuando el azucar era en el mercado, lo que significa hoy el petroleo, su posicion geografica en epocas en que se libraban las guerras por el dominio de las Americas y el combate a corsarios y piratas, para pasar a salvos el Triangulo de Las Bermudas, hicieron de Cuba el gran astillero donde se construian los mas variados y grandes barcos mercantes y de guerra.

Las clavijas - especie de tornillos de trincar barcos -, devenidas, despues de un artesanal tallado, en las sonoras Claves, en los momentos de solaz impusieron su decoroso cantar, aguantando la estridencia de los tambores africanos y creando una binaria entre los compases de la musica de los blancos, colocando su voz de timbre claro, que abraza la melodia y bordea el ritmo, para inventar bailador de salon y prohibir la division en raza.

Utilizando la poesia como metodo del conocimiento y medio para el discurso probarse a si mismo, sobrepujando siempre las posibilidades del lenguaje al pretender narrar mas de una accion al unisono, en medio de una polifonia de personajes y narradores, Que bueno baila usted, procura explicar el fenomeno unico de la musica cubana, en virtud del camino mas recto para llegar a la verdad; el artede narrar.

www.scribd.com/doc/15264955

faisel iglesias

viernes, 18 de septiembre de 2009

CUBA HOY

  1. COMPATIBILIDAD ENTRE CAMBIOS REALES Y PANORAMA CONSTITUCIONAL

  2. Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, en Espacio Laical Digital

  3. INTRODUCCIÓN GENERAL

  4. 1. En casi todos los países resultan frecuentes los diálogos y las disputas acerca de posibles cambios: políticos, económicos, etc. Varía la extensión, el grado de diferencia y la radicalidad o no que se otorgue a estos cambios. Cuba no ha sido ni es una excepción. Si recorremos nuestra historia desde que los cubanos ilustrados comenzaron a pensar en Cuba como una realidad política distinta de España, al menos desde los inicios del siglo XIX, el señorío estuvo casi siempre ocupado por la diversidad de criterios acerca de la naturaleza de nuestra Nación y de los proyectos que mejor se avenían con su identidad, naciente y adivinada primero, con mayores definiciones después. Desde fines del siglo XVIII las cabezas ilustradas postulaban un cambio de situación sociopolítica y económica en Cuba. El estatuto político de la Isla con respecto a la Península, la organización de la economía y la cuestión esclavista, entre otros, eran los temas que, desde uno u otro ángulo, se incluían en los cambios, propuestos en tertulias, discursos, cartas, artículos.
    Recordemos nuestro siglo XIX y los debates entre el mantenimiento o la abolición de la esclavitud y, en el caso de la abolición, cómo y con qué nivel de indemnizaciones, el proyecto independentista -que entró tardíamente en nuestra Isla-, y los proyectos autonomista/reformista y anexionista. Finalmente, no sin un trabajo político sumamente delicado e inteligente, se impuso la abolición, tan tarde como en 1886, después de haber sido postulada por el padre Félix Varela en 1822 y proclamada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868; así como el primero de los proyectos globales mencionados, el proyecto independentista, bordado por José Martí, como el que mejor se avenía a la naturaleza de nuestra Nación naciente, por encima de los proyectos autonomista y anexionista.
    2. El padre Félix Varela fue el primero en hablar con diafanidad de la independencia política de Cuba, inmediatamente después de su dolorosa experiencia en las Cortes en Madrid (1822,1823). Hubo opinantes sobre el tema y movimientos independentistas organizados antes de 1868. Luego, Carlos Manuel de Céspedes logró convencer de independentismo a los constituyentes de Guáimaro en 1869, entre los que estaba presente un grupo significativo de anexionistas. José Martí, por sobradas razones, fue quien mejor articuló el proyecto independentista en la organización de la Guerra de 1895-98, que no por gusto conocemos en la historiografía cubana como la “Guerra de Independencia”. Las constituciones de Jimaguayú (1895) y La Yaya (1897), después de la de Guáimaro, dieron un cierto basamento constitucional, en tiempos de provisionalidad, a lo que estaba ocurriendo en Cuba en orden a lograr la independencia. En nuestra historia fundacional los sueños y utopías buscaron casi siempre una articulación constitucional abarcadora y consensual.
    3. Así nació la República, después de la Guerra de Independencia (1895-98) y de la Primera Intervención Militar Norteamericana (1898-1902), pero las presiones de Estados Unidos de Norteamérica, apoyadas en esa intervención militar de la última hora de la Guerra de Independencia y en los soportes internos que, dentro del nuestro, nunca le han faltado al país del norte, lograron introducir la Enmienda Platt en la primera Constitución Republicana, de 1901. Ya no era de “república en armas”, como las anteriores constituciones, sino la Constitución de la República, simplemente. La Enmienda Platt fue una herida en la identidad republicana, pero probablemente resultó inevitable como “mal menor”. ¡Solo Dios sabe a estas alturas de nuestra historia cuál habría sido el estado jurídico-constitucional de Cuba si los integrantes de la Asamblea Constituyente no hubiesen aceptado la “enmienda”! ¿Algo semejante a Puerto Rico o a lo que fueron las Islas Filipinas hasta 1950? A la sombra de la Enmienda -y me parece que habrían procedido de forma análoga aunque no le hubiese sido añadida tal “enmienda” a la Constitución-, los sucesivos gobiernos norteamericanos, desde 1902 hasta 1959, o sea, aún después de la derogación de la Enmienda, hicieron sentir su “peso pesado” en los asuntos internos cubanos, siempre que lo estimaron conveniente, debido más a las sinrazones de la fuerza que a “pretextos” legales.
    4. Por otra parte -y es natural que así fuera-, quienes se ocuparon de la cosa pública en Cuba después del 20 de mayo de 1902 y hasta el 1º de enero de 1959, se organizaron en distintos grupos políticos, en cuya formación estaban presentes los intereses personales no siempre confesables, pero también los diversos “proyectos–plataformas políticas” acerca de la Nación. Estos “proyectos” normalmente desembocaban en la creación y sostén de partidos políticos diversos, de mayor o menor consistencia, apoyo popular, definición ideológica y perdurabilidad. Me parece que, simplificando mucho las cosas, la línea divisoria entre “las plataformas políticas” de los partidos (filosofía política y estrategias electorales de los mismos) pasaba por la concepción acerca del Estado, más o menos “fuerte”, según el caso, y más o menos inclinado a desarrollar o no una política social. Todo eso, “en principio”, porque en la práctica la mayoría de los partidos terminaban por ser “engañadores” y el tránsito de los dirigentes de una a otra organización, o la fundación de nuevos partidos fue moneda frecuente. En los primeros decenios de la República se solía decir que no había nada más parecido a un liberal que un conservador. El Partido Liberal y el Partido Conservador eran los partidos políticos más significativos de la época. No es este el lugar para reconstruir la enmarañada historia de los partidos políticos en Cuba a partir de 1902. Me parece que su prestigio estaba tan menoscabado en 1959, que no le costó mucho esfuerzo al Gobierno Revolucionario suprimirlos a todos y mantener, hasta nuestros días, uno solo, el Partido Comunista de Cuba (PCC), que antes se llamó Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC). Sobre este punto volveré más adelante, pues es uno de los temas de discusión en la actual atmósfera de eventuales cambios “estructurales y de conceptos”, de acuerdo con la nomenclatura expuesta por el presidente Raúl Castro en su discurso del 26 de julio de 2007.
    5. Retomando el primer hilo de este discurrir, reitero que resulta normal que la ciudadanía no tenga un pensamiento unánime en asuntos sociopolíticos y/o económicos y que, consecuentemente, en el seno de la misma se sostengan diálogos, intercambios y discusiones acerca de esas realidades, sin excluir la posibilidad de conversar sobre cambios más o menos profundos, en uno u otro ámbito de la vida nacional. Esto es signo de vitalidad del cuerpo social. Y es bueno que así sea, mientras los intercambios o disputas se mantengan en el plano de la racionalidad, la búsqueda objetiva de la verdad, la civilidad, el respeto recíproco, la escucha atenta y la aceptación de pluralidades. Si fuera a elegir una sola palabra que resumiera todo el elenco de cualidades que, a mi entender, debe acompañar este tipo de intercambios, utilizaría la palabra “seriedad”, con el sentido que le daría Jorge Mañach, en contraposición del dañino “choteo”, abominado por nuestro pensador y que nos ha corroído la entraña con más frecuencia de la cuenta, antes y después de la constitución de la República en 1902.

  5. 6. Lo anormal y enfermizo para una República serían la uniformidad aparente, la ausencia de diversidades, de intercambios de opiniones diversas y de diálogos políticos. Esa máscara sí es el enemigo de la genuina unidad nacional. Mientras Cuba sea una realidad viva y no un fósil, se hablará acerca de eventuales cambios de un tipo u otro, hasta una medida u otra, etc. Y estos diálogos políticos, para que sean tales y no sólo farandulada, deben ser algo más que ejercicios mentales y de oratoria más o menos acertada. Deben apuntar a la realidad y a las posibilidades de ser llevados a efecto. A estas alturas de nuestra historia, estoy suponiendo, en la base de todo diálogo político, la afirmación de la soberanía nacional. Ya sabemos demasiado bien que con la soberanía nacional no se pueden permitir coqueteos.
    7. ¿En qué radica la novedad de la temática hoy, en estos inicios del siglo XXI? En principio, dejo la historia en un segundo plano, al que recurriré sólo excepcionalmente. Me ciño a la actualidad, a la Cuba de ahora, a la de estos últimos años, después de un período prolongado de una relativa inamovilidad en cuestiones sustanciales: inamovilidad dentro del marco del “gran cambio” que fue la organización de la Nación y del Estado, con paradigmas socialistas, a partir de la Revolución que tomó el poder el 1º de enero de 1959. Me estoy refiriendo a la Cuba posterior al discurso -ya citado- del 26 de julio de 2007, en el que el presidente Raúl Castro abrió las puertas a la posibilidad de sugerir y discutir todos los cambios, incluyendo “cambios estructurales y de concepto”, acerca de todo -o casi todo- en la realidad cubana. Por supuesto que Raúl Castro no deseaba con sus palabras desatar un proceso de irracionalidad en el terreno sociopolítico y económico. Basta tener una idea suficientemente clara acerca de su personalidad, para reconocer que lo caótico le ha sido siempre ajeno. Pero su discurso sí apuntaba a exorcizar la inmovilidad y el empantanamiento, responsables de tantos desganos y apatías sociales. Si el “choteo” es un morbo que nos ha sido muy dañino, la apatía social es otra especie de epidemia que también nos ha herido el hondón de la entraña.
    8. Personalmente considero que en los planos sociopolítico y económico, casi todo es discutible. No son estos el ámbito de la ontología aristotélica en una clase de Filosofía, ni –mucho menos– el de los dogmas religiosos en una clase de Teología. Es el espacio de la vida concreta, individual y comunitaria; el de la convivencia cotidiana, el de los convenios y acuerdos para que ésta sea lo más fructuosa y placentera posible. La Política -así, con mayúscula- rige ese dominio, que es el de la existencia de un día después de otro. Quienes piensan de veras, saben que hay principios más o menos inmutables, pero saben también que lo que se vive es la encarnación de esos principios en la realidad cotidiana. No vivimos los principios ontológicos en su desnudez del tercer grado de abstracción, sino en su concreción real. Un mismo principio puede contraerse diversamente en las diversas realidades en las que aterriza. Uno de los signos más valiosos de la madurez humana reside precisamente en la capacidad para aterrizar los principios –las esencias inmutables– en las existencias cambiantes, mutables, sin incurrir en contradicciones. Aquí está la puerta por la que entramos en la convivencia y, por ende, en la Política, Ciencia y Arte enderezados, de consuno, con el fin de obtener lo mejor posible para la POLIS, o sea, para la convivencia humana razonable.
    9. Como nos estamos moviendo en la racionalidad de la vida cotidiana, no nos debería resultar muy difícil comprender que no todas las realidades se deben discutir y tratar de resolver simultáneamente. Eso sería el desorden total, el reino del absurdo y del caos. Todas las cuestiones de este ámbito son discutibles, pero hay que abordar unas primero y otras después, ordenadamente, de acuerdo con un escalafón que no es, en principio, exclusivamente lógico, o sea, no se establece, ni se mide por medio de los silogismos de la lógica racional (Bárbara, Celarent, Darii, Ferio, etc.). No se puede ser tan simplista que nos decidamos, casi mecánicamente, a fijar un orden de precedencias en los asuntos a tratar, según su importancia ontológica, desconectada de las posibilidades reales, objetivas. En esta hipótesis cerebral se aconsejaría comenzar la búsqueda de soluciones por las realidades más importantes. Pero los que ya contamos con muchos años de vida y de atención a estas cuestiones sabemos que, en ocasiones, la experiencia de la realidad y el conocimiento de las personas aconsejan iniciar los diálogos y los debates por cuestiones en las que resulta más fácil y posible el consenso. Así, de consenso en consenso, se irá creando un clima de confianza y se podrá llegar a las cuestiones de mayor peso que, si se hubiesen elegido para comenzar, no se habría logrado otra cosa que la algarabía y el incremento de las diferencias y enemistades entre los interesados en la cuestión, con puntos de vista muy diversos, difíciles de conciliar en ese momento, pero previsiblemente conciliables en un futuro más o menos cercano, de acuerdo con las experiencias sucesivas.

  6. HECHOS, MOVIMIENTOS DE IDEAS, CAMBIOS Y CONSTITUCIONES


  7. 10. Toda nación que aspire a realizar la mayor dosis posible de bienestar para sus ciudadanos debe contar con un Estado visible, bien estructurado y apoyado en el consenso de la mayoría significativa de la población. La “fuente de derechos y obligaciones” debe ser, en cualquier Estado contemporáneo, una constitución que se avenga con la realidad del país, su historia, idiosincrasia, tradiciones culturales, etc. El más reciente Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua identifica la constitución como “Ley fundamental de un Estado que define el régimen básico de derechos y libertades de los ciudadanos y los poderes de la organización política.” Falta a esta definición, según los criterios que aprendí en los estudios de Derecho Constitucional, la inclusión de los deberes, no sólo de los derechos y los “poderes”, sean los del ciudadano en el orden personal y comunitario, sean los del Estado en sí mismo, ya que en éste el poder se justifica por el recto ejercicio de los servicios. En ellos radican sus deberes, como la custodia de la soberanía nacional; de la articulación ordenada de la convivencia social (administración de la justicia, guarda del orden público, etc.), de acuerdo con la Constitución que la Nación se ha dado a sí misma; de una serie más o menos inclusiva, según el tipo de Estado, de los servicios de salud, educación, promoción de la cultura, seguridad social y otros asuntos.
    11. Dado su carácter de Ley Fundamental, la Constitución de un país no es un texto que se pueda estar manoseando a diario, ni que se pueda cambiar a capricho. Pero tampoco es un corsé que nos limite la respiración, como el que usaban nuestras tatarabuelas en los siglos XVIII y XIX. El propio texto constitucional, si está bien redactado, debe prever el cuándo y el cómo de sus eventuales reformas, si la situación cambiante del país en cuestión lo aconseja. Hay naciones importantes que han mantenido la vigencia de una misma constitución durante un período muy prolongado, pero no han dejado de introducir variantes –“enmiendas”- con el correr de los siglos. En el equilibrio respetado entre el “cambia-cambia” de constitución, y la inamovilidad absoluta, reside una buena porción de la madurez política de un país.
    12. ¿Cómo conjugar la proposición del presidente Raúl Castro del 26 de julio de 2007 con la fidelidad a la Constitución? ¿Se puede ser fiel a la Constitución y, simultáneamente, pensar en cambios de estructuras y de conceptos? En principio, esto es posible. Para que no lo fuera, esos cambios de estructuras y de conceptos eventualmente propuestos tendrían que referirse a la esencia misma del Estado, tal y cual lo organiza la Constitución vigente. En nuestro caso, se trata de la Constitución de 1976, reformada en 1992.
    13. Imposible agotar el tema en estas páginas, pero me concedo algunas consideraciones. Es asunto que he abordado con mayor amplitud en otros textos y conferencias y que debe ser situado en nuestro marco nacional. Recordemos, ante todo, que la historia constitucional de la República, desde 1902 hasta nuestros días, se concentra en tres constituciones. La de 1901, fundacional de la República, que debió cargar con el lastre de la Enmienda Platt, pero que no era un tareco inútil o despreciable. Es un texto jurídico de principios del siglo XX, admirable por más de un argumento. Hubo pillos en su elaboración, pero hubo también hombres honestos y hábiles políticos, verdaderos patriotas; hubo hombres sin gran formación jurídica y económica, pero contó también con hombres de pensamiento sólido y pluma muy respetable.
    14. Estábamos entonces en los albores del siglo XX y no podía pedirse la presencia de un pensamiento social avanzado. Durante el siglo XIX habían tenido lugar algunas “explosiones sociales”, como la de la Comuna de París (18 de marzo a 28 de mayo de 1871), pero no regímenes “socialistas” estables. El liberalismo rampante, hijo de la Ilustración y del republicanismo derivado de la Revolución Francesa de 1789, y el capitalismo nuevo, en plena efervescencia debido, entre otras causas, a la revolución industrial, de modo inevitable se imponía en esta zona del mundo. No habían ocurrido aún ni la Revolución Mexicana, ni la Soviética, las dos revoluciones sociales del primer cuarto del siglo que nacía. El mismo magisterio eclesiástico comenzaba a abordar estos temas nuevos, todavía –era natural que fuese así- con una buena dosis de prudencia y de “tanteos” (León XIII, papa de 1878 a 1903, autor de la Encíclica Rerum novarum y de textos significativos en los que postulaba un “catolicismo social”). Entiendo que la Constitución de 1901 no podía dejar de ser una constitución liberal. Sin embargo, carece de los extremismos en esa dirección de pensamiento que encontramos en documentos jurídicos de la época, pertenecientes a otros países. Nos vacunó contra ese extremismo la tradición humanista y social del pensamiento político cubano, desde los tiempos del padre Félix Varela, hasta los de José Martí, organizador de la Guerra de Independencia y autor fundacional de la República. Lo liberal y lo social, en Cuba, estuvieron fuertemente imbricados a lo largo del siglo XIX.
    15. La vigencia de la Constitución de 1901 entró en crisis durante el gobierno de Gerardo Machado y, de manera muy especial, con la aprobación de la prórroga de poderes y del manejo del poder legislativo por parte del Presidente. Esta crisis constitucional se agudizó en el período inmediatamente posterior al 12 de agosto de 1933, o sea, después de la caída estrepitosa del gobierno. Las “leyes constitucionales” transitorias se sucedieron vertiginosamente, así como los presidentes interinos. Por el contrario, la mano de Fulgencio Batista fue haciéndose más visible. En 1939 ya estaba claro que él era quien detentaba el poder efectivo en la República, y el marco internacional y la presidencia norteamericana de Franklin Delano Roosevelt “aconsejaron” la estabilidad política de Cuba. No pareció entonces que ésta se podría lograr con el marco jurídico de la Constitución de 1901 que, a los ojos del pueblo, carecía de prestigio. ¡Como si las calamidades republicanas entre 1902 y 1939 hubiesen dependido del texto constitucional! Ocurrieron no por causa del texto constitucional, sino a pesar del mismo, debidas a la ineptitud y/o a la deshonestidad de quienes tenían que haber velado por su cumplimiento. Muchas cabezas pensantes, en Cuba y fuera de ella, estimaron entonces que sería más conveniente redactar una nueva constitución, más adecuada para los tiempos de Cuba y del mundo y “limpia” de los pecados de aquella primera etapa de nuestra historia republicana.
    16. Y así se procedió. Fue elegida una Asamblea Constituyente el 15 de noviembre de 1939. Las sesiones comenzaron el 9 de febrero de 1940 en el Capitolio Nacional, sede del Parlamento cubano. Terminaron el 8 de junio del mismo año. La firma de la Constitución aprobada tuvo lugar el 1º de julio, en Guáimaro, lugar escogido por haberse redactado y promulgado allí la primera Constitución de la República en Armas, el 10 de abril de 1869, o sea, al inicio de la Guerra de los Diez Años. La nueva Constitución fue promulgada en La Habana el 5 de julio de 1940 y empezó a regir integralmente el 10 de octubre, aniversario del inicio de la Guerra de de 1933, o sea, después de la caída los Diez Años (Grito de Yara).

    17. Imposible en la brevedad de este artículo exponer con amplitud mis criterios sobre la Constitución de 1940, su génesis y su aplicación. Aunque incluiré algunas referencias, me remito a un texto anterior, editado en 2002 como uno de los “Cuadernos” del Aula Fray Bartolomé de las Casas de ese año: La Constitución de 1940. Génesis y Orientación, desde la óptica del siglo XXI, que reproduce una conferencia mía sobre el tema. En la misma ofrecí una revisión de un artículo mío publicado en la revista Encuentro de la Cultura Cubana (Madrid), dedicado al centenario de la República.

    18. Me parece importante tener en cuenta no sólo la realidad de Cuba en aquellos momentos, de la que ya hice mención (cf n.16), sino también cuáles los hechos y las ideologías socio-políticas en el marco internacional, y que, por lo tanto, en mayor o menor grado, estaban influyendo en las ideas circulantes en nuestro País y en la redacción de nuestro nuevo texto constitucional. Dicho de un solo golpe y de entrada: ésos fueron los años de gestación y realización de la Guerra Civil en España (1936-1939), que se vivió en Cuba como algo propio, y de la II Guerra Mundial (1939-1945), la mayor de todas las guerras que la historia humana recuerda. Conflagraciones de semejante dimensión están precedidas y acompañadas por movimientos de ideas, hechos diversos y legislaciones.

  8. 19. En 1917 –o sea, casi al final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) había tenido lugar la Revolución Rusa que estableció, en ese enorme país, el régimen soviético. Este se autodefinía como socialista y marxista y contaba con el apoyo de partidos políticos y movimientos articulados en torno a esa misma ideología, en una buena parte del mundo (Europa, América y, en menor escala, en Asia, aunque muy significativamente en China, también enorme país, en el que los marxistas llegarían al poder en 1949, o sea, cuatro años después del final de la II Guerra Mundial).
    20. Por otra parte, desde los inicios de la década de los años treinta, el mundo había sido testigo del ascenso del nacional socialismo alemán (nazismo), encabezado por Adolfo Hitler. El 1º de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, tras haber ocupado en 1938 Austria y luego Checoslovaquia. Se expandió a continuación sobre Bélgica, los Países Bajos, una amplia zona de Francia y, casi inmediatamente después, sobre Dinamarca y Noruega. El éxito de la campaña sobre el frente oriental llevó a los alemanes a lanzarse sobre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Fue su momento de mayores triunfos militares y, al mismo tiempo, el inicio del desmoronamiento del proyecto nazi. En el sur de Europa y norte de África se hacía presente, con una ideología política análoga, el fascismo italiano, dirigido por Benito Mussolini. Tenía sueños imperiales y había adoptado en buena medida la simbología del antiguo Imperio Romano. Por otra parte, en España se acababa de librar una de las más atroces guerras civiles de la modernidad en la que el general Francisco Franco, “el Caudillo”, se levantó contra la República española, establecida por el voto popular en 1931. Logró derrotarla e implantar en España un régimen “fuerte” que perduró, con una cierta evolución interior después de 1950, hasta 1975, o sea, hasta la muerte del Caudillo. Aunque Franco y su gobierno, oficialmente, se mantuvieron neutrales durante la II Guerra Mundial, todos sabíamos de qué parte estaban no sólo sus simpatías, sino cómo funcionaban sus vínculos, “discretos” o no, con el Eje. El anticomunismo, el antisemitismo, la defensa del nacionalismo a ultranza, sustentado con las armas y con el capital, eran elementos comunes a los países del Eje y a la España de Franco, aunque no se deberían homologar simplonamente, como suele hacerse aún hoy, para calificarlos –a los enunciados y a otros más pequeños–, como “regímenes fascistas”. Sin ignorar las analogías, no deberíamos dejar de tener en cuenta la gradación y las diferencias.
    21. Ante la coalición de las derechas extremas, era inevitable que se coligaran los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Soviética, conocidos como “los Aliados”. Fueron ellos los que obtuvieron finalmente la victoria militar, política y, en cierta medida, económica, en mayo de 1945.
    22. Dada su situación geográfica y su historia política y económica, así como su composición poblacional (una parte muy significativa de los habitantes de Cuba estaba conformada por españoles de nacimiento y otra buena parte por cubanos de primera generación, hijos de inmigrantes españoles). Cuba, nuestro país pequeño y sumamente desarticulado hacia el final de la década de los años treinta, no podía permanecer ajeno a esa maraña internacional. Todos los componentes de la maraña, en diversas proporciones, estaban presentes en Cuba. Históricamente, el caso particular de la relaciones con Estados Unidos, era en sí una cuestión capital que había dividido a los cubanos desde el siglo XIX. Además, los submarinos alemanes circulaban por nuestras costas y llegaron a hundir algunas naves cubanas. El gobierno norteamericano, desde 1939, que ya avizoraba la posibilidad de entrar en la guerra europea y que tenía la pupila muy teledirigida sobre el extremo oriente asiático y sobre las ambiciones imperiales japonesas, lógicamente se preocupó por lograr una mayor estabilidad, en principio democrática y capitalista, en Cuba, su vecino inmediato, en el que había de todo: demócratas liberales, militaristas sin ideología definida, marxistas, socialdemócratas, simpatizantes del franquismo, del fascismo y del nazis-mo, chinos simpatizantes de las dos diversas corrientes sociopolíticas de su país, etc.
    23. He escrito “estabilidad democrática y capitalista”, pero añado: no cerrada a la realidad soviética y al socialismo que esta postulaba. Eran los momentos de la alianza de los Aliados, valga la redundancia. Y esta complejidad no estaría totalmente ausente de la gestión constitucional en Cuba.
    24. Con frecuencia he subrayado el hecho de que en la elaboración de la Constitución de 1940 estuvieron presentes las diversas corrientes de pensamiento sociopolítico que poseían alguna vigencia en el País, algunas de las cuales tenían derecho de ciudadanía en Cuba desde el siglo XIX. Subrayo hoy que esas corrientes de pensamiento y los “hechos políticos” relacionados con ellas no estaban aislados del resto del mundo. Así como los del siglo XIX e inicios del XX no fueron islas y los movimientos independentistas y la Constitución de 1901 tenían conexiones con el resto del mundo, así también y aún más, los hechos que condujeron al movimiento constitucional que dio origen a la Constitución de 1940 no dependieron exclusivamente de realidades insulares cubanas. Casi todo en la vida se amarra por debajo; las corrientes subterráneas resultan ser, con frecuencia, las causas de la fertilidad de un terreno; en el análisis de una situación cualquiera, las apariencias parecen orientar la realidad en un sentido, pero a posteriori los hechos nos revelan que lo que no se vio a primera vista era lo que estaba sustentando y direccionando la realidad analizada. Es lo que quiere expresar nuestro dicho popular:”Las apariencias engañan”. De ahí la importancia de llegar hasta donde se pueda en el conocimiento de la realidad, con todas sus raíces y conexiones, para ser atinados en la decisión acerca de eventuales cambios o de inmovilidad y, en la primera hipótesis, acerca del tipo de cambios, del estilo de realización, del ritmo, etc.
    25. Una de las primeras cuestiones que sale a flote cuando se habla de eventuales cambios de cierto peso en el País, es la cuestión constitucional. ¿Son compatibles o no cambios de peso con la legislación constitucional vigente, es decir con la Constitución de 1976, reformada en 1992? En el caso de que no lo fueren, ¿serían compatibles con la legislación constitucional anterior, o sea, con la Constitución de 1940? ¿Resultaría más conveniente acaso convocar una Asamblea Constituyente que redactase una nueva constitución acorde con los cambios postulados?
    26. Personalmente estimo que, en principio, las constituciones no son textos elaborados para ser sustituidos cada vez que en un país sean demandados cambios, por grupos más o menos numerosos y bien fundados. Toda constitución incluye las normas de reforma de la misma constitución; es decir, prevé cuándo y cómo debe ser reformada, como indican los artículos 285 y 286 de la Constitución de 1940 y el artículo 137 de la Constitución vigente hoy. Además, una constitución bien elaborada no debe descender a normas muy concretas, sino debería permanecer en el nivel de los principios que sustenten “la vida” de la nación, así como las leyes y reglamentos posteriores, que son los que deben sustanciar la puesta en práctica de esas cuestiones concretas, minucias o no. Una de las objeciones que suelen hacer a la Ley Fundamental de 1940 los especialistas en Derecho Constitucional es, precisamente, que desciende a “minucias” no propias de un texto constitucional. Sabemos que las razones de los miembros de la Asamblea Constituyente radicaban en la crisis republicana -sobre todo a partir del gobierno de Gerardo Machado-, al amparo de la Constitución de 1901. Pensaban que, al establecerse una nueva, más minuciosa, se podrían evitar las violaciones de los principios democráticos de la misma. Sabemos también hoy que la salvaguarda de una verdadera democracia depende de cuestiones más complejas que la buena redacción de un texto constitucional. Este debe existir como asidero y como luz de discernimiento, pero su puesta en práctica depende sustancialmente de la atención libre y efectiva del pueblo para con los asuntos públicos y de la existencia de canales para que esta atención se manifieste, también efectiva y libremente; así como de la habilidad y la honestidad de los gobernantes, de la voluntad política de los mismos, etc.
    27. ¿Incidencias constitucionales de los cambios que se desean para Cuba? Pues me parece que sí. Las demandas que he escuchado y leído tienen que ver, casi todas, con la materia constitucional como tal, no con las “minucias”. La situación del Mundo y del País, en 1939, no es igual a la de 1959, ni a la de 1976, ni a la de 1992. Para discernir los cambios, el orden y el ritmo de su realización hay que tener ante los ojos el panorama interno y el del Mundo, en el que Cuba se debe insertar de manera positiva. Y me parece que el buen análisis de la realidad conduce a la mejor elaboración de textos constitucionales y al acierto en el establecimiento de las compatibilidades entre la realidad y los textos. La realidad que se vive y la realidad a la que se aspira van por delante, pero como no todos los ciudadanos interpretan en el mismo sentido la que se tiene delante, y no todos los ciudadanos aspiran al mismo tipo de sociedad en el futuro, los organismos responsables de la elaboración de los textos jurídicos son los llamados a formular normas que encuentren, por su equilibrio, el mejor consenso nacional posible.
    28. ¿Cuáles serían nuestras posibilidades constitucionales con relación a cambios significativos, no a una simple “agüita bomba” o a una “tacita de pasiflora” tranquilizante? Tenemos, evidentemente, en primer lugar, la Constitución vigente, o sea, la de 1976, revisada en 1992. La revisión, más que tal, fue una reelaboración que mejoró considerablemente el texto de 1976. La Ley Fundamental, además, prevé la posibilidad de reformas en el artículo 137, ya citado. Sin embargo, para los promotores de cambios más radicales esta opción no sería la más acertada, pues, a pesar de la revisión de 1992, son muchas las huellas del carácter propio de los Estados del mundo socialista de entonces, que habían marcado hasta el tuétano la Constitución de 1976. Que conste: yo voté positivamente en el referendo que aprobó esa constitución, que no me gustaba. En el contexto en que Cuba estaba insertada entonces (Unión Soviética, CAME), otro tipo de constitución era impensable y me pareció mejor tener esa defectuosa constitución, reformable posteriormente, cuando fuese posible –como de hecho ocurrió en 1992-, que no tener ninguna y continuar viviendo jurídicamente al amparo de leyes transitorias, como habíamos vivido prácticamente desde 1959.
    29. Estimo personalmente, además, que la Constitución de 1992 presenta problemas de “imagen”, interna e internacional. Y las dos cuentan para la obtención de un amplio consenso. Resulta prácticamente muy difícil superar esta limitación de la Constitución, a los ojos de los cubanos y de las instancias extranjeras que se relacionan con Cuba y cuya actitud tiene sus repercusiones sobre nuestro pueblo, pues se inscribe en esa familia de constituciones que rigió un tipo de socialismo que ya no existe en las repúblicas desmembradas de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y ni siquiera en Cuba, y que, para una buena parte de la población y de los extranjeros que se interesan en nuestras cosas, es precisamente ese tipo de organización socioeconómica y política lo que se desea cambiar. Para algunos, se trata de cerrar las puertas a todo tipo de socialismo; pero para otros, que creo la mayoría, se trata de establecer un socialismo distinto, más democrático y participativo; más cercano a lo que fue originalmente el proyecto de la social-democracia. En todo caso, no dejará de haber contradicciones y dificultades entre lo que está legislado, lo que de hecho existe –en Cuba y en el Mundo– y la realidad a la que se desea llegar. Quizás las dificultades señaladas a la Constitución de 1992 son más subjetivas que fácticas, puesto que los mecanismos de reforma de la misma son ágiles, y podría ser ella la base constitucional que, reformada, articule los cambios deseados y realizables, con un ritmo racional.
    30. El otro texto constitucional que se suele proponer como sustrato jurídico del cambio es la Constitución de 1940, adecuadamente reformada de acuerdo con los mecanismos previstos en el mismo texto constitucional. Yo pertenezco a una generación que creció venerando ese texto constitucional. Las “sombras” en la República de los años cuarenta y cincuenta nos resultaban evidentes, pero no las atribuíamos a la Constitución, sino a la falta de voluntad política para elaborar la legislación complementaria y, sobre todo, a la falta de cumplimiento de sus artículos.
    31. Vaya un solo ejemplo ilustrativo: ¿Qué pasó con la sección 1ª (trabajo) y la 2ª (propiedad) del Título Sexto, que unidos a otros textos ganaron para esta Constitución los calificativos de “socialmente avanzada” y de bien situada con respecto a los problemas socioeconómicos del País? Pues casi nada se hizo. El entonces conocido artículo 87, que reconoce “la existencia y la legitimidad de la propiedad privada”, pero “en su más amplio concepto de función social” y el artículo 90, que proscribe el latifundio, quedaron reducidos a papel impreso. Los únicos esfuerzos serios que conocí por lograr que se tomara en serio lo de la “función social de la propiedad privada”, así como la proscripción del latifundio y la consecuente “reforma agraria”, fueron los realizados por el doctor Manuel Dorta Duque, hombre honesto, ilustrado e inteligente como pocos hombres públicos. Su proyecto de Ley de Reforma Agraria, que leí y analicé cuando era estudiante de Derecho, nunca fue circulado y discutido en las Cámaras del Parlamento cubano. Los ejemplos podrían multiplicarse acerca de la carencia de voluntad política para tomar en serio el texto constitucional que, sin embargo, el pueblo medianamente informado veneraba y, además, era citado en círculos legislativos extranjeros como un “modelo de constitución contemporánea”. Sabíamos cómo en 1948 fue utilizado –casi literalmente- en la Declaración Universal de Derechos Humanos (en especial, los artículos 20-40, Título 4º, Derechos Fundamentales, Sección Primera: De los Derechos Individuales), y del empeño que puso Charles de Gaulle en conocerlo, junto con otras cuatro o cinco constituciones más, cuando se organizaba la nueva República Francesa después de la II Guerra Mundial.
    32. Estas manifestaciones de aprecio por nuestra Constitución eran conocidas por los estudiantes de Derecho Constitucional; de ahí que no nos resultara difícil estimarla, aunque no faltaban profesores en la Facultad que, desde una posición de afecto, la censuraban por su carácter minucioso, asunto al que ya me he referido. Es, por consiguiente, según mi criterio, una buena Ley Fundamental, pero perfectible y, sobre todo, reformable, para que nos ayude en el caso de que fuera elegido como patrón de ajuste y articulación jurídica en la situación actual de Cuba.
    Existe otra propuesta constitucional y, aunque no dispongo de encuestas sobre la misma, me da la impresión de que es la opción mayoritaria: elaborar una nueva Constitución. Tal y como se presenta esta posibilidad, me parece que se requeriría entonces la previa celebración de elecciones para una Asamblea Constituyente. Este sería el organismo responsable de redactarla para después someterla a plebiscito nacional, proceso en parte análogo al de 1939 y 1940. ¿Cómo se propondrían lo eventuales candidatos a constituyentes? Aquí hay un primer problema para esta opción, porque actualmente, en Cuba, los candidatos para cualquier organismo elegible son presentados por el único partido, el Partido Comunista de Cuba. Se discuten en asambleas de barrio, pero sabemos cómo de hecho funciona esto. De ahí que, precisamente, una de las realidades para las que se postulan cambios es el sistema electoral, unido a la opción por el monopartidismo.
    33. En principio, el monopartidismo no está reñido con la democracia. Del mismo modo que el pluripartidismo no es garantía del buen ejercicio de la misma. Pero para que el monopartidismo fuese sustento de una democracia real, tendría que funcionar con unos criterios de transparencia y de libre debate de todas las cuestiones. De la transparencia y del debate libre deberían emanar las proposiciones que luego, según el nivel de las mismas (nacional, provincial, municipal), serían discutidas por el órgano de gobierno correspondiente.
    34. Otro tema de capital importancia que no podría eludirse en una situación de cambio real, estructural y de conceptos en Cuba, por cualquiera de las vías constitucionales que se elija, es la articulación de los poderes estatales. La división clásica de los poderes estatales en las democracias surgidas a la luz de la Ilustración Francesa y, más precisamente, de la obra El Espíritu de las Leyes, publicada en 1748, bajo la autoría de Charles de Secondat, Barón de Montesquieu (1689-1755), es la de los tres poderes, teóricamente independientes entre sí: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Las constituciones que se redactaron en el marco del socialismo real, de acuerdo con el modelo de la URSS, conciben la relación entre los poderes estatales de otro modo, según diversos paradigmas jurídicos. Esto en el mundo occidental, porque las constituciones elaboradas al socaire de otras tradiciones culturales y religiosas, conciben la estructura estatal de otra manera. Pensemos, por ejemplo, en el caso de los estados musulmanes, de Irán, China y la India. No he estudiado el Derecho Constitucional vigente en esa zona del Mundo.
    35. Otros temas que rozan también las estructuras estatales son, por ejemplo la articulación de las Fuerzas Armadas y la articulación económica. En el segundo caso, podríamos preguntarnos hasta dónde pueden llegar las inversiones y las gestiones privadas; hasta dónde estos “privados” pueden ser extranjeros, etc. ¿En qué áreas se favorecerían las inversiones privadas, nacionales o foráneas, cuáles serían sus límites o cómo entrarían bajo el control estatal normal? ¿Cómo regular, a nivel constitucional, la tenencia de tierras? De las dobles y hasta triples ciudadanías, ¿qué? Según las constituciones de 1940 (artículo 15–a) y la de 1992 (artículo 32), se pierde la ciudadanía cubana por el hecho de adquirir otra. Ahora estas medidas constitucionales no se están teniendo en cuenta, no se aplican, y la cuestión de la doble ciudadanía se mantiene en una especie de limbo jurídico. Otro asunto constitucional interesante sería la estructura del Parlamento: ¿se volvería al sistema bicameral o se mantendría el actual sistema unicameral? Cada una de las dos opciones tiene sus ventajas y desventajas con respeto a la otra.
    36 En fin, la lista de asuntos a tener en cuenta sería sumamente extensa, pero los responsables no deberían excusarse de este esfuerzo a la hora de elegir la articulación constitucional más conveniente –Constitución de 1940 reformada, o Constitución de 1992 reformada, o nueva Constitución– para el proyecto nacional, provincial o municipal que se persiga.
    37. Me parece interesante, en este ámbito de eventuales cambios en el Estado cubano, una noticia de última hora: la discusión, por parte de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional de un proyecto para el establecimiento de un “organismo de contraloría” –Ley de Contraloría-, que sería sometido a la consideración de la próxima sesión de la Asamblea Nacional. En el caso de que fuese aprobado, como todo parece indicar que lo será, sustituiría al actual Ministerio de Auditoría y Control. Si el organismo nace bien, funciona con seriedad y encuentra las apoyaturas imprescindibles en todo el organigrama estatal, puede ser algo muy positivo en la evolución de nuestra situación nacional integral.

    PUNTO FINAL

  9. 38. Hay un tema al que me he referido en varias ocasiones, no ocupa el primer lugar en estas cuestiones y no ha sido mencionado en los debates en curso, pero que yo valoro como componente del “imaginario” nacional y, por lo tanto, orientado al fortalecimiento de las instituciones que dan vida real al Estado. Estoy refiriéndome a todos los edificios oficiales, que deben ostentar tal calidad que puedan identificarse como lo que son y suscitar el reconocimiento del organismo que representan. De manera especial pienso en el Parlamento –mono o bicameral–, en las instancias superiores del Poder Judicial y en la sede del Poder Ejecutivo (Presidencia de la República). El Capitolio Nacional está llamado a volver a ser la sede del Poder Legislativo. La presidencia de la República podría recuperar el llamado anteriormente Palacio Presidencial, que, según la nomenclatura contemporánea, llamaríamos quizás mejor, Casa Presidencial. Me parece que la seguridad del edificio presenta problemas, pero no los considero insolubles. Para los organismos superiores del Poder Judicial se construyó el actual Palacio de Gobierno o Palacio de la Revolución, que había sido bautizado como Palacio de Justicia. Requeriría muchas readaptaciones para volver a ser la sede de los Tribunales, pero valdría la pena. En esta misma línea, me parecería sumamente conveniente que el o los partidos políticos aprobados para el mejor funcionamiento de la república, radicasen en otros edificios, no en los edificios del Gobierno, ya que me resulta importante establecer las claras diferencias. Repito que no considero esta última proposición como esencial ante un proceso de cambios constitucionales que sean “estructurales y de concepto”, pero ayudaría a la superación de confusiones y a la restauración de la imagen y de la realidad estatal, todo lo cual sí creo sumamente importante.

    La Habana, 29 de Julio de

viernes, 11 de septiembre de 2009

LA IGLESIA CATOLICA ABOGA POR CAMBIOS ESTRUCTURALES EN CUBA

























(Radio Martí) - El sacerdote cubano, monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, se pronunció por un debate en busca de los cambios estructurales anunciados por el Gobierno.

Para el prelado los cambios deben conducir a modificaciones constitucionales y referirse a la esencia misma del estado.

En un artículo publicado en la revista mensual Espacio Laical, De Céspedes dijo que estos diálogos políticos, para que sean tales y no sólo farándula, deben ser algo más que ejercicios mentales y de oratoria más o menos acertada. Deben -puntualizó- apuntar a la realidad y a las posibilidades de ser llevados a efecto.

El gobernante Raúl Castro, anunció que se realizarían cambios estructurales y de conceptos en Cuba, a partir de un debate nacional para diseñar un nuevo modelo de socialismo cubano. Por ello el sacerdote expuso que el debate debe transcurrir en el plano de la racionalidad, la búsqueda objetiva de la verdad, la civilidad, el respeto recíproco, la escucha atenta y la aceptación de pluralidades.

En su artículo, De Céspedes concluye que la Constitución cubana rige un tipo de socialismo que ya no existe y, a su juicio, la mayoría de los cubanos cree que debe haber un socialismo más democrático y participativo, más cercano de lo que fue originalmente el proyecto de la socialdemocracia.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

A SEGUNDA EDICION

Estimado amigos y lectores

Gracias a la atención de ustedes y a los lectores en general, mi novela "Que bueno baila usted", que en la actualidad aparece entre los 10 mejores libros en español, y el sitio mas visitado, según www.scribd.com/doc/15264955 sera editado en una edición Primium, que contara con una versión impresa y otra digital (en dos formatos para e-book, lit y pdf).

Ya el contrato se ha firmado - con el beneficio mas alto para el autor de los que existen hoy en el mercado - y la obra se encuentra en pleno proceso de edición.

Se hará un lanzamiento mundial de la misma. La inclusión de la obra en el catálogo de INGRAM y en los prestigiosos sitios de AMAZON y Barnes&Noble. Y una campaña de promoción internacional que incluirá la aparición de 100.000 banners en nuestro sitio, la anunciación del lanzamiento de y la contratación de palabras clave en un buscador de uso masivo.

Esta nueva edición lleva una "Nota a la segunda edición" que a modo de privilegio se las hago llegar a ustedes, mis amigos y que mas o menos dirá así:


NOTA A LA EDICIÓN DIGITAL

Los historiadores y musicólogos siempre han expresado que el fenómeno singular de la música cubana es el resultado del encuentro del blanco y el negro. Sin embargo ese es un hecho histórico que se ha repetido, por siglos, en muchas partes del mundo. Estados Unidos, Brasil, Colombia, Puerto Rico, países que cuentan con una vigorosa música, apenas tienen doce, catorce, quince ritmos. Los especialistas reconocen la existencia de mas 33 en la mas grande de las Antillas.

Ser el primer productor de azúcar, cuando el azúcar era en el mercado, lo que significa hoy el petróleo, su posición geográfica en épocas en que se libraban las guerras por el dominio de las Americas y el combate a corsarios y piratas, para pasar a salvos el Triángulo de Las Bermudas, hicieron de Cuba el gran astillero donde se construían los mas variados y grandes barcos mercantes y de guerra.

Las clavijas - especie de tornillos de trincar barcos -, devenidas, después de un artesanal tallado, en las sonoras Claves, en los momentos de solaz impusieron su decoroso cantar, aguantando la estridencia de los tambores africanos y creando una binaria entre los compases de la música de los blancos, colocando su voz de timbre claro, que abraza la melodía y bordea el ritmo, para inventar bailador de salón y prohibir la dimisión en raza.

Utilizando la poesía como método del conocimiento y medio para el discurso probarse a si mismo, sobrepujando siempre las posibilidades del lenguaje al pretender narrar mas de una acción al unisono, en medio de una polifonía de personajes y narradores, Que bueno baila usted, procura explicar el fenómeno único de la música cubana, en virtud del camino mas recto para llegar a la verdad; el arte de narrar.


faisel iglesias

martes, 1 de septiembre de 2009

TRIBUNSL SUPREMO DE CUBA COMPLICE DE LAS VIOLACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS

Dama de Blanco denuncia que el Tribunal Supremo

de Cuba es cómplice de las violaciones de derechos humanos

Carlos Serpa Maceira
Periodista Independiente, El guayacán cubano

loyda1.jpgLa Habana, 24 de agosto de 2009 - La Dama de Blanco, Loyda Valdez González, esposa del prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, denuncio en La Habana que el Tribunal Supremo Popular de Cuba, es cómplice de las violaciones de derechos humanos que incurre el régimen comunista contra el pueblo cubano.

“Mi esposo fue juzgado sin las debidas garantías procesales, siendo condenado injustamente por el solo hecho de defender los derechos humanos del pueblo cubano, establecí una revisión de causa ante el Tribunal Supremo Popular, y nunca me dieron respuesta.”, dijo Valdez González.

Alfredo Felipe Fuentes, gestor del Proyecto Varela, una iniciativa ciudadana que pide cambios en las layes del país, fue sancionado a 26 años de prisión en la Primavera Negra del 2003 junto a otros 74 opositores y periodistas independientes. El 19 de diciembre de 2007, Loyda Valdez González, presento ante el Tribunal Supremo Popular una revisión de causa, no habiendo recibido respuesta hasta el momento.

“El 20 de marzo de 2009, las Damas de Blanco hicimos actos de presencia en el Tribunal Supremo Popular, donde exigimos la liberación incondicional de nuestros familiares y el resto de los presos políticos cubanos. Allí en esa ocasión le expuse a los funcionarios el tema de la revisión de causa presentada como habían incumplido los términos legales, me comunicaron que me darían una respuesta, fui engañada, pero además fuimos víctimas de un Acto de Repudio. No existe respecto por la Justicia y los derechos en Cuba.” puntualizo la Dama de Blanco.

Alfredo Felipe Fuente


Alfredo Felipe Fuentes.JPGPRESO POLÍTICO Y DE CONCIENCIA CUBANO

Nombre.- Alfredo Felipe Fuentes
Condena.- 26 años de privación de libertad en la ola represiva del 2003
Profesión.- Licenciado en Economía
Estado Civil.- casado
Características generales.- Honrado, Modesto, Afable, Respetuoso.


Organizaciones y Cargos en la Oposición Pacífica

- Presidente del Centro no gubernamental de Derechos Humanos y Cultura de Paz “José de la Luz y Caballero”.
- Director de la Agencia de Prensa en Artemisa
- Miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela.
- Miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos.
- Director de la Biblioteca Sindical Independiente “Emilio Maspero”
- Periodista Independiente, y miembro de la Sociedad de Periodistas de Cuba Manuel Márquez Sterling.


sábado, 29 de agosto de 2009

“Lo principal es la conciencia… no la ciencia”

A mis manos ha venido a parar este breve video de Juan Vela, anterior ministro de Educación Superior. Una reunión con algunos de sus subordinados en la provincia de Ciego de Ávila, fue el marco para esta declaración sobre el orden de prioridades en las universidades cubanas. Estoy segura que estas palabras, autoritarias y simplistas que dijo ante las cámaras, no le costaron el puesto.

Quizás fue todo lo contrario lo que motivó que fuera sustituido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Quién sabe si el exministro, a la hora de aplicar su apotegma de que “lo principal aquí es la conciencia, es la Revolución… no la ciencia”, no lo hizo con la verticalidad que se esperaba de un miembro del Partido Comunista. Va y ahora, libre de esas responsabilidades, puede finalmente realizar su viejo sueño de ser cardiólogo.

HACIA LA LIBERTAD EN TIEMPOS DE GLOBALIZACION

Lcdo. Juan José López.

Fundador de la Corriente Agramontista

Creo en la influencia externa en la historia de Cuba. "La Guerra Necesaria" liderada por José Marti lo corrobora. En ese sentido el grupo "Contadora", protagonista de la pacificación centroamericana, debiera ser instado por la comunidad cubana.

Debe "Contadora" estar integrado por Presidentes del área y personalidades internacionales. Trasladarse a la Habana con agenda concreta: libertad de los presos políticos y el reconocimiento de la oposición, el acceso a los medios de difusión masiva tanto de instituciones religiosas como de sectores civiles, etc.

A tenor con este tipo de búsqueda de soluciones para Cuba se debe invitar al Cardenal Jaime Ortega , a algun líder religioso de nuestra comunidad. El prelado cubano que preside la conferencia de obispos en la Habana, conoce bien el camino.

Recordemos la Pastoral “El amor todo lo puede”.

El compromiso internacional con la libertad de Cuba en los tiempos que corren y luego de cincuenta años puede evitar un actuar inadecuado.

Soy partidario de cualquier método realizable, no de la predica imposible que nos describa como si habláramos de esa pelea de boxeadores fuera del cuadro. Solo que en el pugilismo la campaña mediática le da promoción al evento futuro y cierto.

Integrar ese grupo "Contadora" debe ser tarea inminente para los cubanos. Después entrara en juego el sistema interamericano y cuanta organización internacional lo amerite.

viernes, 28 de agosto de 2009

«Si la gente se expresa, la tiranía tiembla»

“Los derechos humanos son como el aire que se respira, como la luz del sol que nos alumbra. Derechos irrenunciables. Una especie de mística de que está revestida la existencia de los seres humanos, y que vale la pena defender.”

“Un simple coloquio entre cuatro personas puede poner en jaque al despotismo. No hay que tirar tiros. No hay que poner bombas. Una trompetilla es un arma tremenda.”

Ricardo Bofill .

Ricardo Bofill, el afán de la interrogante.

Entrevista al fundador del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

Por Armando Añel, Miami - 23/02/2007 cubaencuentro.com

TEXTO: 8 PAGINAS – 3, 407 PALABRAS – TIEMPO DE LECTURA APROXIMADO: 7 minutos

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Ricardo Bofill. En 1988 el ex profesor de Historia de la Filosofía de la Universidad de La Habana fue conducido ante las cámaras de la televisión por el régimen cubano, en una operación de ultraje contraproducente, que pondría en el candelero a la disidencia interna. Todavía puedo paladear el asombro, la incredulidad del joven de veinte años, políticamente casto, al ver al fundador del Comité Cubano Pro Derechos Humanos bajo los reflectores de la policía del pensamiento.

La puesta en escena, impresentable como todos y cada uno de los montajes segregados por el aparato mediático del castrismo, desnudaba una vez más al rey, pero por partida doble. Castro llevaba ante las cámaras de la televisión a un opositor, luego la oposición existía (y se atrevía). El rey, no contento con arremeter contra su opositor maniatado, manipulaba a los jueces y hasta al público… luego la abyección del rey estaba más allá de toda duda.

El surgimiento del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, en 1976, marca un antes y un después en la lucha contra el totalitarismo en Cuba. A partir de su fundación, el crecimiento de la oposición pacífica alcanza un ritmo sostenido, hasta desembocar en el pujante movimiento civil que ha forzado al régimen a decretar leyes especiales —como la 88 o Mordaza—, e incluso, en un hecho inédito en la historia nacional, a enfrentar y alterar su propia Constitución.

Alrededor de temas similares, incluyendo el del futuro cubano tras la desaparición de Fidel Castro, gira la entrevista concedida por Ricardo Bofill a Encuentro en la Red:

¿Cómo se convierte Ricardo Bofill en un activista de los derechos humanos?

Por mi mente no cruzaba eso de ir a la cárcel. Soy de un origen muy humilde, y durante los primeros años de la revolución había logrado hacer cosas que de alguna manera añoraba, como dedicarme a la educación. Yo aún no había finalizado mi carrera, pero gracias a gestiones del destacado historiador Elías Entralgo, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana, ejercí como profesor auxiliar de Historia de la Filosofía en esa institución. Fue el inicio de mis actividades. Yo había generado un espíritu crítico ante situaciones que creía merecían ser criticadas, había emitido opiniones al azar, informales. Lo cual era ya un germen de disidencia.

En este período no faltaron advertencias, policíacas inclusive. El entonces capitán José Abrahantes me citó en dos ocasiones. Recuerdo que años más tarde, tras haber caído preso en varias oportunidades, Abrahantes me acusó de haber actuado con soberbia, de ser un resentido. "¿Pero cómo resentido?", le contesté. "¡No… no… si yo lo que tengo es un volcán… ustedes fueron injustos, en lugar de botarme de la Universidad, de perseguirme, esperaba que me dieran un diploma, un reconocimiento! ¡A mí me pagaban ocho horas y yo trabajaba catorce!".

Entonces me separaron de la Facultad. Fui enviado al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), casualmente a la división que dirigía un viejo amigo, Raúl Calcines. Nadie me maltrató en el INRA, yo desempeñaba una labor más bien burocrática, pero el hecho de ser separado de la docencia y que se me enviara allí tenía una cierta connotación.

La gente decía: "Lo condenaron a trabajar en la agricultura… lo botaron de la Universidad porque tiene desviaciones ideológicas". Aquello representaba una afrenta para un joven de veintitantos años, con una serie de aspiraciones en la Cuba de los años sesenta.

Cuándo es encarcelado por primera vez?

Tenía 28 años cuando fui arrestado por primera vez, en 1967. Luego fui condenado a doce años de privación de libertad, en el marco del proceso contra "La Microfracción". Pero yo era inocente… ¿cómo iba a estar en la cárcel?

En la prisión me encontré, digamos, con los delincuentes reales. Y me di cuenta de que el presidio es durísimo, incluso para las personas que han cometido crímenes reales. Gente que había violado, matado, robado… era durísimo incluso para aquellas personas que tenían la comprensión de su delito. ¡Pero yo era inocente!

¿Cómo encaja el preso común la cercanía del preso político?

Se producía una comunicación espontánea. Ya en los años sesenta había personas en prisión como consecuencia de una institución creada por el gobierno, el Consejo de Defensa Social (posteriormente tomó auge la llamada ley de "peligrosidad"). Muchas de estas personas eran, únicamente, delincuentes en potencia. No se había probado su culpabilidad. Y yo, que siempre consideré a los presos mis hermanos, me comunicaba muy bien con ellos.

Es así como surge la idea del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, dentro de la prisión. Preguntándonos cómo era posible que aquellas personas fueran condenadas sin siquiera tener el derecho de demostrar su inocencia, encarceladas a base de pura presunción.

En la prisión teníamos todo el tiempo del mundo para hablar. Si no hablabas, te morías de angustia. Entonces discutíamos con la gente los términos que los habían conducido a prisión. Conductas predelictivas… comportamientos antisociales… que si parecías homosexual… ¿Qué significaba eso? Que si estos negros delincuentes… ¿Pero cómo que negros delincuentes? Alguien podía haber llamado así a Jesús Menéndez o a Lázaro Peña. Yo era vecino de Guanabacoa, donde la población negra es numerosa, y probablemente esto contribuyó a crear una empatía.

Caí en la cuenta de la injusticia que significaba perseguir a personas en la calle por su aspecto, o por sus ideas, o por sus creencias religiosas (en aquellos tiempos también se encarcelaba a los testigos de Jehová, a los "brujeros", etcétera. "Esos negros brujeros que dan fiestas de santos"). Y había que enfrentarse a eso. Fue así que tomó fuerza la idea de denunciar las violaciones de los derechos humanos en Cuba.

Hablemos del proceso contra 'La Microfracción'… ¿de qué se les acusaba?

En esencia, de decir lo que nos daba la gana. Porque no habíamos emitido otra cosa que opiniones, vertidas en el foro público. Incluso, argumentamos, podía suceder que todo lo que habíamos dicho fuera mentira, o una tergiversación de la verdad. A quien tergiversa la verdad hay que exponerlo a la burla de la opinión pública… ¿Pero meterlo en la cárcel?

Para empezar, algunos estuvimos once meses en Villa Marista, desde la detención hasta el juicio. A mí me impusieron doce años de privación de libertad. ¿Doce años por decir disparates? Bueno, una trompetilla está bien… ¿pero doce años?

¿Que no teníamos la razón? Bueno, ¿y qué? ¿Acaso yo tenía un cargo público? Si hubiera sido aspirante en unas elecciones, pues que me derrotaran en las elecciones. Uno tiene el derecho a equivocarse. Incluso a apostarle en el terreno de la opinión al bando equivocado. O al minoritario. ¿Y qué?

Es la esencia de este asunto. Defender el derecho a equivocarse. En ningún momento hemos planteado a las autoridades cubanas que tenemos el monopolio de la verdad. No. Quién sabe. Es la búsqueda. El afán de la interrogante. Como jóvenes que éramos en aquellos momentos —y posteriormente hemos tratado de mantener vivo ese empeño indagador que caracteriza a la juventud—, perseguíamos el conocimiento, nos planteábamos preguntas.

Algunos de nosotros éramos ávidos lectores, habíamos leído a Kafka, La metamorfosis… ¿Cómo nos sentimos cuando fuimos condenados a prisión? Como una suerte de Gregorio Samsa. Un día eres persona y al siguiente amaneces en la cárcel, convertido en poco menos que una cucaracha. ¿Pero cómo puede ser? ¿Qué ha pasado aquí, cómo va la sociedad a meternos en la cárcel? ¡Qué injusticia!

Francamente, yo y otros en prisión nos considerábamos, en primer lugar, profundamente ofendidos. ¡Pero si nosotros habíamos sido maestros, personas de bien, personas decentes! No entendíamos que aquello no era una expresión de la sociedad, sino de un gr

Han pasado los años y me sigue pareciendo un sueño, una pesadilla. Para nosotros fue un episodio surrealista.

Kafkiano por definición…

Efectivamente. Y luego, la vida da muchas vueltas. Aquellos represores, los generales, el general Abrahantes, Pascual Martínez Gil, los hermanos De la Guardia… en el devenir, resulta que ellos a su vez fueron a parar a la cárcel. Me encontré un día con que la esposa del general Abrahantes me visitaba para denunciar que iban a matar a su esposo, que estaba preso. ¿Por qué? Porque tenía discrepancias con Fidel Castro.

Ileana de la Guardia, hija de Antonio de la Guardia, también hizo gestiones con nosotros para salvar a su padre y a su tío. Con la mejor disposición del mundo la ayudamos. No se pudo salvar a Tony, pero salvamos a Patricio, está vivo. He recibido mensajes de agradecimiento del ex general Patricio de la Guardia.

El ciclo se repite. Del Capitolio a la roca Tarpeya no hay más que dos pasos. Cuidado. Los carceleros un día también terminan en la cárcel.

Y tú preguntas: ¿Cuál fue el delito? No se sabe. Que si discreparon de no sé qué… que si Arnaldo Ochoa dijo no sé qué cosa… ¿Pero cuál fue el delito? Están muertos.

Es más, recientemente recibimos un mensaje. De una persona que hace seis meses era miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba. Juan Carlos Robinson. Está en la cárcel, supuestamente por corrupción. Sus familiares nos han pedido ayuda. Dicen que fue un chivo expiatorio para hacer ver a la población que, dentro de las calamidades, el gobierno hace correcciones.

Pero… ¿dónde está el abogado defensor de Robinson? ¿Cuáles son los delitos? El mismo proceso que me llevó a mí a la cárcel. El abogado defensor dijo en el juicio que Robinson era un canalla. Es una aberración, los abogados defensores en Cuba son empleados de los bufetes colectivos, y a los bufetes colectivos les paga el gobierno. De manera que el abogado que supuestamente te defiende es empleado de la parte acusadora. ¡Pero cómo va a ser!

No. Esto no es historia antigua. Esto sigue sucediendo. Es un ciclo que hay que detener en algún momento. Son situaciones irracionales, contra natura.

Usted funda el Comité Cubano Pro Derechos Humanos luego de salir de la cárcel, en 1976…

Sí. Se trataba de defender los derechos fundamentales del individuo, incluyendo su derecho a equivocarse. ¿Qué quiere ser usted, agnóstico? Caramba, pues magnífico. ¿O un fiel adherente a un credo ortodoxo? ¡Excelente! ¿Cuáles son los límites? Pues las reglas inherentes al Estado de derecho. Incluso lo que está establecido en el derecho romano hace más de 2000 años. No matar, no robar… una serie de decálogos que son los respetados en el mundo civilizado. Las reglas mínimas de convivencia civilizada.

En la prisión, en esa búsqueda, encontramos la Declaración Universal de los Derechos Humanos, del 10 de diciembre de 1948. En treinta artículos, después del fin de la Segunda Guerra Mundial, tras la experiencia horrible del Holocausto, la Declaración recogía un poco ese espíritu de que la libertad religiosa, la libertad de conciencia, la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de expresión del pensamiento, junto con el derecho a la vida, son sagrados.

Así que adoptamos la Declaración en nuestra primera época de encarcelamiento (1967-1976). Ella posibilitó el surgimiento del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

Más tarde usted volvió a ser encarcelado, permaneció en prisión entre 1980 y 1985…

Así es. Pero quiero referirme a la naturaleza del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. El Comité fue, y sigue siendo, una idea no recogida institucionalmente. Es decir, no está inscrito en ningún lugar. Desde entonces, para la pregunta de cuántos miembros tiene el Comité, por ejemplo, no hay una respuesta. ¿Cuántas personas conforman el Comité en Caibarién? No se sabe. No se le pide a nadie que ingrese. No se sugiere nada. Hablamos de un espacio abierto.

Los derechos humanos son como el aire que se respira, como la luz del sol que nos alumbra. Derechos irrenunciables. Una especie de mística de que está revestida la existencia de los seres humanos, y que vale la pena defender.

Una mística que sólo es defendida por grupúsculos, como los llama el régimen de La Habana…

Un día fui a una conferencia en la Universidad Autónoma de México, que indudablemente ha sido un centro de apoyo al régimen cubano. Alguien me interpeló aduciendo que éramos unos pocos en relación a los once millones de habitantes que hay en Cuba. Cité a Albert Camus, un dato que había llevado conmigo. Camus se preguntaba cuántos franceses estuvieron en la resistencia contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Del total de la población francesa, ¿cuántos eran los militantes de la resistencia? Según Camus, menos de un cuarto del uno por ciento.

La resistencia contra el totalitarismo siempre está conformada por grupos minúsculos. ¿Cuántos eran en la Unión Soviética junto a Sajarov, en un país de más de 200 millones de habitantes? ¿Cuántos conformaban el grupo de observadores de los Acuerdos de Helsinki? Elena Bonner confiesa que nunca llegaron a veinte.

El primer inquisidor es el hambre. A lo primero que estás sujeto cuando disientes es a perder el empleo. En sistemas como el cubano, el Estado es el único empleador. Y debes cuidar a tu familia, criar a tus hijos, protegerlos. Cuando te conviertes en un disidente lanzas por la borda a la familia, a los padres, a los hijos.

Inicialmente, cuando entré en prisión, en 1967, integraba una familia de cinco miembros: mi padre, mi madre, mi esposa, mi hijo y yo mismo. Pero en 1985 esa familia había desaparecido completamente. Del núcleo original, de la familia donde crecí, no quedó nada. Ni las personas, ni los recuerdos, ni las fotografías, ni el muchacho aquel… Nada. A veces me pregunto: ¿tenía derecho a imponerles ese sufrimiento?

Como he dicho otras veces, sí, tengo entusiasmo para trabajar, desde el punto de vista del activismo. PeJustificar a ambos ladosro en el terreno personal padezco una profunda depresión. No me repongo de la tristeza. Nada puede retribuir el precio que he debido pagar por mis actividades. No hay retribución posible.

Háblenos un poco de la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos…

Han pasado treinta años desde la fundación del Comité. No me considero ni muchos menos su centro, sólo un miembro más. Hoy en día muchos de los fundadores han muerto… no me gusta hacer listas de ninguna índole, es algo a aclarar de parte de los historiadores. No soy un historiador, más bien sigo siendo un activista.

Dentro de Cuba acaba de morir Gustavo Arcos Bergnes. Él también accedió a integrar el Comité. Lo menciono porque era un hombre muy especial. Había sido asaltante del cuartel Moncada con Fidel Castro, había estado involucrado en los preparativos de la expedición del Granma —no pudo embarcarse por la invalidez de una de sus piernas, consecuencia de una herida sufrida durante el asalto al Moncada—, había sido embajador de Cuba en Bélgica y había renunciado a ese cargo… Luego había regresado a Cuba y por sus actitudes contestatarias lo habían encarcelado dos veces.

A través de Gustavo entramos en contacto con Marta Frayde, que había sido amiga de Fidel Castro ya desde la época de la ortodoxia. La habían designado embajadora en la UNESCO en 1959, y había renunciado a su cargo también. Había regresado a Cuba para protestar.

Hacia 1972 ó 1973, desde la cárcel, comenzamos a enviarle cartas, pequeñas notas, a Marta Frayde, para que nos ayudara en la UNESCO. Sabíamos que había conocido a algunos de los fundadores de Amnistía Internacional, al embajador de Irlanda, a otras personalidades.

Hablo de una época en que el movimiento mundial de derechos humanos apenas existía. Amnistía Internacional surge en 1967, pero sólo adquiere fuerza en los años setenta. Humans Rights Watch no aparece hasta 1982. A mediados de los setenta, en Europa del Este, con el movimiento de Sajarov en la antigua Unión Soviética o la Carta de los 77 en Checoslovaquia, se produce un despegue. Y luego, a principios de los años ochenta, surge el Sindicato Solidaridad en Polonia.

En prisión recibíamos estos reflujos a través de la radio internacional, de alguna manera se introducían radios portátiles. Escuchábamos la BBC de Londres. Luego intentamos dirigirnos a algunos de estos movimientos europeos, comunicarnos con ellos, pero ya durante mi segunda etapa en presidio (1980-1985). Es la etapa de mayor auge del Comité.

Ustedes han sido acusados por el régimen cubano de mercenarios al servicio de una potencia extranjera. A su defensa de los derechos humanos, el régimen contrapone la defensa de la patria, el patriotismo, el nacionalismo…

Esa versión es un pretexto para perpetuarse en el poder. Es el disfrute del poder omnímodo. Y a un precio en sufrimiento humano inenarrable.

Ah, bueno… porque tú eres más fuerte que yo. Se trata de que tú tomaste las armas, los cuarteles. Pero es que no tiene ningún mérito. ¿Que tú con las armas me encañones? No, no… Eso me lo hacen en cualquier barrio, me arrinconan cuatro tipos y violan a mi mujer y me violan a mí. Empleo de la fuerza bruta. Tú cogiste los fusiles y me encañonas. No, eso es viejo, no me jodas. No me busques pretextos.

Conquistaste el poder con el triunfo de la revolución, te apoderaste de las armas, de los cuarteles, y los mantienes. Y utilizas el pretexto del nacionalismo. Pues ese pretexto debes utilizarlo en una campaña electoral y ganar unas elecciones.

Hay que ver el grandísimo mérito de la disidencia interna cubana. El mismo Oswaldo Payá recogió casi 30.000 firmas con el Proyecto Varela. ¡Treinta mil firmas en un Estado totalitario! Aquí las tengo, nombre por nombre y apellido por apellido. Gente jugándose el empleo, jugándose la educación de sus hijos… ¡Esto no se ha visto nunca!

Pero Oswaldo Payá no tiene un ejército a su disposición…

¡Ah, no! Esta gente ha hecho una suerte de principio de referendo nacional en un Estado totalitario. Es una nueva fase del movimiento disidente.

La disidencia cubana ha retado al gobierno a un diálogo nacional. La mayoría de ellos, en su fuero interno, están convencidos de que el gobierno no lo aceptará jamás. Pero el esfuerzo en sí mismo tiene un mérito extraordinario.

El gobierno los considera unos insectos. Y ellos son unos gigantes. Y claro, el régimen se siente ofendido de manera superlativa ante este reto. Ha valido la pena, aunque el esfuerzo no arroje soluciones inmediatas.

Yo sí tengo que confesar que en cierta medida, junto a otras personas, no me di por vencido. Había una noción de que nos asistía la razón. Y sigo pensando igual. Sigo creyendo que la esencia del ser humano es esa: hablar y pensar con libertad, opinar, reunirse con los amigos. Esto prevaleció. Hay un grupo que aún permanece en el poder, pero hasta el día de hoy no ha podido derrotar el espíritu contestatario en Cuba.

Después de Castro, ¿qué?

Hemos recibido con mucha alegría las noticias de la celebración del Día de Reyes en La Habana. El 6 de enero hubo una gran fiesta espontánea. Un gran desdoblamiento de la población en su espíritu festivo, de dar fiestas en las casas, en las iglesias. El diario oficialista Juventud Rebelde lo criticó hablando de "espíritu consumista". Porque la gente había acudido a las tiendas a comprar juguetes…

¿Celebraban mientras el comandante se moría?

La gente lo que hizo fue abrir su corazón, confraternizar, en un día como el de Reyes. Pienso que independientemente de lo ocurrido en el último medio siglo, la sociedad cubana sigue siendo la misma. El día que se produzca un cambio político la nación renacerá espiritualmente. Los valores se han mantenido.

¿Que hay alteraciones, problemas nuevos, nuevos vicios? Puede ser. Pero no temo al futuro de la sociedad cubana en cuanto al espíritu de la gente. En términos generales, la familia, los vecinos, la comunidad, esos valores, subsisten. Son la base de la civilización.

¿Los vecinos que delatan al vecino?

Pero eso es artificial. Lo hemos sufrido, pero también hemos recibido mucha solidaridad. Si algún vecino cometió una falta, otros me ayudaron a sobrevivir. Y mi familia dio el máximo mientras pudo.

El episodio del comunismo es un episodio del siglo XX. Estos miserables son de ayer. Ya veníamos de déspotas con distintas etiquetas desde Roma, Persia, Macedonia. Y soy un optimista en el sentido de que este instrumento que modestamente contribuimos a crear, la defensa de los derechos humanos, será muy útil en el futuro.

En la medida en que la gente puede comunicarse, expresar libremente su juicio, la tiranía tiembla. Un simple coloquio entre cuatro personas puede poner en jaque al despotismo. No hay que tirar tiros. No hay que poner bombas. Una trompetilla es un arma tremenda.